Sánchez: El protocolo le viene grande
El Papa León XIV aterrizó en España y, como suele pasar, la religión se convirtió en un campo de batalla político. Pedro Sánchez y Begoña Gómez, en su visita a la Sagrada Familia, decidieron que las normas de cortesía son para pardillos. Mientras la Reina Letizia, con una inclinación de cabeza ante el sagrario (un gesto que ni siquiera exige ser creyente, solo tener educación), cumplió con el protocolo, el Presidente optó por el 'yo me la sudo'. ¿La razón? Quizá considere que su poder supera al de cualquier deidad. El contraste, digno de estudio, no terminó ahí. Los Reyes recibieron una ovación digna de rockstars; Sánchez y Begoña, un silencio que resonó más fuerte que cualquier aplauso. Imaginen la escena: mientras Felipe VI y Letizia avanzaban, la basílica explotaba en vítores. Cuando llegó el turno del Presidente, la atmósfera se tornó más fría que un funeral en invierno.
Desde 2018, la relación de Sánchez con las ceremonias religiosas ha sido, cuanto menos, distante. Ausencias en tragedias nacionales, eventos de impacto social… Pero, oh, sorpresa, decide aparecer en la misa del Papa. Y no solo eso, sino que prefiere un festival musical a la visita papal en Madrid. La pregunta no es si Sánchez es religioso o no, sino si tiene el mínimo respeto por las instituciones y, sobre todo, por la lógica. Cada gesto fue diseccionado con lupa, cada silencio interpretado como un mensaje. En definitiva, un circo mediático donde la fe y la política se dan la mano… o, más bien, se enfrentan a puñetazos. Porque, al final, en estos eventos, los detalles importan más que el sermón.
Cristian Sanz