The Surprisingly Harsh Reason Gas Stations Play Classical Music

Música Clásica en Gasolineras: ¿Por Qué?

social Una gasolinera al atardecer, bañada en luces cálidas y reflejos. De unos altavoces discretos, emana una melodía clásica que parece distorsionar el aire a su alrededor. No hay personas visibles, solo la atmósfera de un lugar donde la música no es bienvenida.

El aire se llena no solo con el penetrante olor a gasolina, sino, a menudo, con las majestuosas sinfonías de Bach o Beethoven, a volúmenes que rozan lo estridente. Una imagen que choca, ¿verdad? Y, sin embargo, esta aparente afición por la música clásica en gasolineras y tiendas de conveniencia de Estados Unidos oculta una estrategia mucho menos armoniosa de lo que parece.

No buscan clientes melómanos ni elevar el espíritu de quien llena el depósito; la meta es precisamente la contraria: espantar. La táctica, sorprendentemente, no es nueva. Ya en la década de 1980, la cadena 7-Eleven experimentaba con la idea, según el Los Angeles Times. En 2019, ese mismo medio reportaba cómo varias de sus tiendas en el área de Los Ángeles habían adoptado los altavoces para disuadir a los "merodeadores" de pedir dinero o simplemente "pasar el rato" cerca de sus establecimientos.

El miedo a la incomodidad del cliente o, peor aún, a los robos en tienda, era el motor. Un propietario incluso afirmó haber logrado una reducción del 10% en visitantes no deseados gracias a esta "arma" sonora. Pero este fenómeno no se limita a California. En 2023, la estación de noticias WSYX de Ohio cubrió cómo una sucursal de Speedway (cadena que ahora pertenece a 7-Eleven) en Columbus había implementado la misma política.

Fox 7, en Austin, Texas, también perfiló una 7-Eleven local ese año con idéntica estrategia. De Jacksonville, Florida, a Albuquerque, Nuevo México, pasando por Tacoma, Washington, la música clásica resuena con un propósito muy particular. Y no solo en gasolineras: una Walgreens en Tacoma también ha adoptado la medida. Sin embargo, esta peculiar "banda sonora" ha desatado una controversia considerable.

Sus defensores argumentan que la gente que deambula por estos espacios puede acosar a los clientes, crear disturbios o incluso volverse agresiva con el personal. Para ellos, es una forma de proteger la experiencia de compra y la seguridad. Un cliente en Los Ángeles, sin embargo, lo veía de forma muy distinta: "Son personas, no palomas", sentenció al diario.

Lo describió como el "equivalente auditivo de poner pinchos en un banco", una medida que lo hizo sentirse incómodo. Eric Tars, director legal del National Law Center on Homelessness and Poverty, en su entrevista con el Times, lo expuso crudamente: "Se trata de quién tiene derecho al espacio público, quién es deseable y quién indeseable".

Tars critica la "otredad" de las poblaciones menos afortunadas, sugiriendo un trato inhumano. Columnistas como Anne Midgette del Washington Post, ya en 2012, tildaron la práctica de "elitismo supremo", una forma de "civilizar" el espacio haciendo que sea desagradable para aquellos con gustos distintos o, implícitamente, de menor nivel social o económico. La eficacia de esta táctica, sin embargo, sigue siendo un interrogante.

¿Realmente ahuyenta el crimen? Las estadísticas concretas son esquivas. Aunque un portavoz del Metro de Los Ángeles reportó una reducción del 20% en la actividad criminal en una estación tras el uso de música clásica, y Northern, una empresa ferroviaria del Reino Unido, también afirmó una disminución de incidentes, ¿es la música o es un "efecto halo"? Quizás la presencia policial se intensifica en estas zonas, o la música se implementa junto con otras medidas de seguridad, como la videovigilancia. Al final, la discusión sobre si la música clásica es una solución o un mero desplazamiento del problema no muestra signos de amainar.

Rob Huff, de la Tacoma-Pierce County Coalition to End Homelessness, pedía en 2024 que la ciudad creara "espacios de baja barrera" para las personas sin hogar, en lugar de simplemente moverlas de un sitio a otro. El impacto no deseado, no obstante, es innegable: algunos clientes, como un residente de Austin que se lo dijo a Fox 7, encuentran la música "ruidosa, desagradable y muy molesta", optando por gasolineras silenciosas.

La cacofonía de Bach podría estar, irónicamente, espantando también a los compradores.

Crítica:

El texto es un excelente ejemplo de cómo adornar un acto de deshumanización con el pretexto de la 'seguridad'. Se esconde tras eufemismos para no decir que la música, a volumen ensordecedor, es una barrera para los sin techo. La crítica se queda corta al no profundizar en la legalidad o ética de esta "arma" sonora contra los más vulnerables.

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