Un estudio de la Universidad Comenius de Bratislava analizó la microbiota intestinal de 117 menores (65 diagnosticados y 52 controles) con TDAH, autismo y anorexia. Se encontraron similitudes en las colonias de bacterias intestinales y su asociación con cambios en las hormonas del apetito y el comportamiento.
Los resultados mostraron un aumento en la proporción Bacteroidetes/Firmicutes y una disminución de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium y Faecalibacterium en los tres grupos clínicos. Cada diagnóstico presentó un perfil microbiano específico: en autismo y TDAH se redujo la riqueza bacteriana total; en autismo aumentaron Bacteroidetes y Escherichia-Shigella; en TDAH subió Escherichia-Shigella y Desulfovibriota; y en anorexia nerviosa aparecieron niveles más altos de Proteobacteria, Cyanobacteria y Verrucomicrobiota.
Los autores midieron hormonas clave del hambre y la saciedad, detectando niveles más bajos de péptido YY en TDAH y reducciones de leptina, ghrelina y péptido YY en anorexia nerviosa. La muestra fue modesta y la recogida de datos coincidió con la pandemia, lo que puede introducir sesgos.
Los autores piden prudencia y sugieren que la dieta y la selectividad alimentaria pueden explicar parte de las diferencias observadas. El estudio sugiere un terreno común en el que intestino, cerebro y conducta se influyen.
Crítica:
El estudio presenta hallazgos prometedores sobre la relación entre microbiota intestinal y trastornos mentales, pero la muestra modesta y la coincidencia con la pandemia limitan las conclusiones. Se necesita más investigación para separar causas de consecuencias.
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