Investigadores chinos de Jiangnan University han utilizado CRISPR para optimizar Fusarium venenatum, un hongo comestible usado en productos como Quorn. Al editar dos genes, lograron una cepa llamada FCPD que produce un 88% más de proteína consumiendo un 44% menos de nutrientes.
La modificación reduce la quitina en las paredes celulares, facilitando la digestión humana y mejorando la textura, que se asemeja a la de la pechuga de pollo. El hongo resultante tiene un contenido graso ligeramente mayor, lo que suaviza la textura y elimina el toque 'esponjoso' típico de algunas micoproteínas.
El estudio comparativo mostró que la producción de FCPD reduce un 70% el uso de tierra y un 78% el riesgo de contaminación de agua dulce en comparación con la producción de pollo en China. Aunque la percepción pública sobre productos modificados genéticamente sigue siendo un desafío, regulaciones como la de EE.UU.
en 2016, que permitió comercializar setas editadas con CRISPR sin revisión adicional, podrían facilitar su aceptación. La optimización con CRISPR ofrece un camino realista para ampliar la oferta de proteínas sostenibles, contribuyendo a un sistema alimentario más diverso y resiliente.
Las mejoras en eficiencia reducen costes y facilitan el acceso a más personas, mientras que la investigación en nuevos sabores y texturas podría derribar barreras culturales.
Crítica:
El artículo presenta un avance científico prometedor al detallar cómo CRISPR mejora la producción de proteína a partir de hongos comestibles. Sin embargo, podría profundizar más en las implicaciones regulatorias y de aceptación pública de estos productos modificados genéticamente.
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