Un reciente metaanálisis publicado en la revista Intelligence revela que las personas con comportamientos violentos tienden a obtener puntuaciones más bajas en pruebas de inteligencia que aquellas que no incurren en violencia. El estudio, liderado por el psicobiólogo Ángel Romero-Martínez, analizó más de 5.000 artículos y encontró una correlación negativa entre inteligencia y violencia, especialmente en casos de violencia reactiva.
La investigación sugiere que las limitaciones cognitivas pueden dificultar la gestión de la frustración y aumentar la probabilidad de conductas agresivas. Sin embargo, se subraya que tener un CI bajo no implica ser violento, y que la inteligencia es solo una pieza en un sistema multifactorial que incluye variables biológicas, sociales y psicológicas.
El estudio propone diseñar programas de rehabilitación adaptados al perfil cognitivo de cada individuo para reforzar habilidades verbales, estrategias de regulación emocional y técnicas de resolución de problemas.
Crítica:
El estudio presenta una visión matizada y bien fundamentada de la relación entre inteligencia y violencia, aunque podría beneficiarse de una mayor diversidad cultural en las fuentes analizadas. La falta de una causalidad directa entre CI y violencia es un hallazgo crucial.
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