Crítica:
El texto original abusa de la metáfora del 'poltergeist' para disfrazar una interacción gravitatoria estándar. Es un intento desesperado de hacer sexy la astrofísica mediante el clickbait paranormal.
El texto original abusa de la metáfora del 'poltergeist' para disfrazar una interacción gravitatoria estándar. Es un intento desesperado de hacer sexy la astrofísica mediante el clickbait paranormal.
Mientras nosotros nos peleamos por el precio del aceite o intentamos que la hipoteca no nos coma el sueño, allá arriba el cosmos organiza una fiesta VIP sin invitarnos. Entre el 1 y el 2 de noviembre, la Luna, que ya va menguando y solo luce un 45% de su cara, decide jugar al escondite en el corazón de Leo. No es para menos: se junta con Marte y Júpiter en un 'cóctel' espacial que cualquier mortal puede ver mirando al horizonte este una hora después de medianoche. Para que no te pierdas, la distancia entre la Luna y el brillo rojo de Marte es de apenas 5 grados; básicamente, el ancho de tres dedos medianos extendidos al cielo. Un truco de barrio para observar el infinito. Júpiter, el gigante que hace que Marte parezca un grano de arena, brilla justo debajo, mientras Regulus cierra la procesión. Y si tienes suerte y vives en Australia o Indonesia, el 2 de noviembre a las 3:45 p.m. EST vivirás una 'ocultación': la Luna se pone delante de Júpiter y lo borra del mapa. Es la ironía del universo: la Luna parece la reina del barrio desde nuestra perspectiva, pero en realidad es menos de la mitad del diámetro de Marte. Júpiter, por su parte, es 20 veces más ancho que el planeta rojo, y Regulus es un monstruo cuatro veces más grande que el Sol. Podrías meter todo el sistema solar en Regulus como quien mete las bolsas del súper en el maletero. El 3 de noviembre, la fiesta se muda. La Luna se acerca a solo 1 grado de Regulus para los estadounidenses, mientras que en Sudamérica —especialmente en Brasil, Argentina, Chile y Colombia— el espectáculo comienza a las 6:59 EST con otra ocultación. Un recordatorio gratuito de que somos hormigas mirando un despliegue de lujo mientras esperamos que el telescopio Celestron NexStar 8SE no nos deje la cuenta corriente en cero.
La naturaleza no regala nada, y en el Ártico, el diseño industrial lo firma la supervivencia. Mientras nosotros nos quejamos de que el coche no arranca en invierno, los perros de trineo llevan milenios optimizando su chasis para no acabar volcados hacia atrás mientras arrastran el peso de una civilización entera. Un estudio publicado en la revista iScience acaba de soltar la bomba: estos atletas peludos han evolucionado para tener las patas un 6% más cortas que sus primos caninos. No es un capricho estético ni un fallo de fábrica; es pura ingeniería biomecánica para bajar el centro de gravedad. Básicamente, es como cambiar un SUV inestable por un coche de rally pegado al suelo para que la fuerza de tracción no los mande a volar. Mitya Kletzerman, arqueóloga de la Universidad de Haifa, ha desgranado que sin este 'ajuste de fábrica', el movimiento en el Ártico habría sido un desastre logístico. Para probarlo, el equipo no se quedó en la teoría: analizaron 60 caninos modernos —desde lobos hasta mestizos— y diseccionaron la longitud del húmero, radio, cúbito, fémur y tibia. El resultado es un sablazo a la intuición: el radio, el cúbito y la tibia son sistemáticamente más cortos. Pero lo más fuerte es que esta 'estética de patas cortas' no es tendencia actual, sino un clásico. Al analizar 82 huesos antiguos y tres esqueletos de entierros rituales en Chukotka, Rusia, que datan de hace entre 2.000 y 500 años, el 89% seguía el mismo patrón. Incluso los restos de hace 9.000 años en la isla Zhokhov sugieren que el perro ha sido el motor de combustión más fiable de la historia, adaptando su propio esqueleto para que el humano pudiera mudarse de casa o cazar sin morir en el intento.
Mientras la mayoría de los padres se preparan para el asalto anual de niños disfrazados exigiendo azúcar, el cielo de Estados Unidos planea su propio despliegue de efectos especiales para este 31 de octubre. Olvídate de los fantasmas de plástico; el verdadero espectáculo ocurre arriba, aunque el pronóstico meteorológico sea tan caprichoso como el humor de un adolescente. Según la NOAA, solo el 40% del país tendrá el cielo despejado, dejando a los habitantes de Iowa y Nebraska con la suerte de un billete de lotería ya premiado por otro. Para los afortunados del Noreste, Florida y las Rocosas, la cita es a las 7 p.m. local. Si extiendes el brazo y cuentas 'dos puños' hacia arriba desde el horizonte este-sureste, encontrarás a Saturno. El 'señor de los anillos' se deja ver, aunque ahora mismo sus anillos están más planos que un presupuesto municipal en agosto, inclinados solo 6.5 grados respecto a nuestra vista. Necesitarás un telescopio de 30 aumentos para que no parezca una simple mota de polvo cósmico. Pero el cielo no se queda en la contemplación pasiva. Las lluvias de meteoros Táuridas, apodadas 'bolas de fuego de Halloween', prometen trazos incandescentes que parecen bengalas chinas cruzando el firmamento. Y para rematar la velada, los del Noreste verán pasar la estación espacial china Tiangong, específicamente el módulo Tianhe-1. Lanzada el 29 de abril de 2021, esta joya de la ingeniería china sobrevolará desde Chicago hasta Nueva York a 385 km de altura. Es básicamente un apartamento flotante con tres astronautas dentro, moviéndose como una estrella brillante que no necesita GPS. Un recordatorio celestial de que, mientras nosotros peleamos por el último chocolate, hay gente viviendo en una lata a miles de kilómetros.
Durante décadas nos vendieron la película de que éramos hijos de unas 'bolas de nieve espaciales'. La teoría de la pseudo-panspermia era el sueño romántico de la ciencia: cometas generosos que, como un servicio de delivery cósmico, nos traían los ingredientes básicos para montar la vida. Richard Anslow y su equipo de la Universidad de Cambridge acaban de pasarle la escoba a esa fantasía. Según el estudio publicado en Scientific Reports, entrar en nuestra atmósfera es como intentar cruzar una autopista a ciegas: el impacto es tan violento que las moléculas orgánicas quedan vaporizadas. No hay delivery que aguante semejante sablazo térmico. La ciencia se había cebado con el asteroide Bennu, que presumía de llevar 14 de los 20 aminoácidos esenciales y las cinco moléculas del ADN y ARN, alimentando la hipótesis del 'mundo de ARN'. Parecía que teníamos el ticket de compra del origen de la vida, pero Anslow ha demostrado que, para que el cianuro de hidrógeno (HCN) sobreviviera al viaje, necesitaríamos un golpe de suerte de uno en un millón. Habría que clavar la velocidad, el ángulo y la concentración exacta, algo tan improbable como encontrar un aparcamiento libre en el centro un sábado por la tarde. Al final, la realidad es un jarro de agua fría. Lo que antes era una 'tarjeta de salida de la cárcel' para explicar nuestra existencia, ahora parece un accidente irrepetible o, sencillamente, un cuento chino. La única esperanza es que Marte, con su atmósfera tan fina que parece un colador, haya tenido más suerte recibiendo estos paquetes. O, siendo realistas, que ni en la Tierra ni en el vecino rojo pasó absolutamente nada de esto. Nos toca volver a empezar el dibujo desde cero.
Mientras nosotros peleamos por ver quién tiene la mejor conexión de fibra óptica en el salón, el James Webb Space Telescope (JWST) se ha dedicado a hacer un 'hackeo' visual a la nube molecular OMC-2, en la constelación de Orión. No es una foto bonita para poner de fondo de pantalla; es el equivalente astronómico a mirar a través de las paredes de una guardería donde los bebés son estrellas que aún no saben ni caminar. Ubicada a unos 1.270 años luz —una distancia que hace que el atasco de la M-30 parezca un paseo por el parque—, esta porción de cielo de apenas 2,5 por 1,5 años luz es un caos absoluto. Aquí, la gravedad juega al tira y afloja contra la presión del gas, ganando la partida y obligando a la materia a girar como el agua que se va por el desagüe de la ducha. El resultado son protoestrellas que, para no explotar por la presión, lanzan chorros de gas a cientos de miles de millas por hora. Lo irónico es que, mientras los aficionados con telescopios de jardín se quedan embobados con la Nebulosa de Orión (M42) y el Cúmulo del Trapecio, la verdadera acción ocurre detrás, en el 'Integral-Shaped Filament'. El JWST, usando su visión infrarroja para atravesar el polvo que nos oculta la realidad, ha revelado que OMC-2 es un hervidero de jets rojizos y blancos. Algunos ya han salido de su capullo de polvo, luciendo esos seis picos de difracción que nos dicen que ya son 'estrellas oficiales', mientras otros siguen escondidos, ignorando que el mundo (o al menos la NASA, la ESA y la CSA) los está vigilando desde el sofá.
Imaginen que están en su salón y, de repente, empiezan a aparecer gotas de agua flotando en el aire, sin ventanas ni vasos cerca. Suena a truco de magia barato o a un fallo en la Matrix, pero es exactamente lo que pasa en Marte. Resulta que el volcán Arsia Mons, un gigante de 20 kilómetros de altura que hace que el Everest parezca una colina de jardín, se ha pasado años jugando al escondite con los científicos. Cada mañana, durante la temporada de polvo, este volcán lanza una nube alargada (la AMEC) de 1.800 kilómetros de largo que se desvanece antes de que las sondas de la NASA, como el MRO o el Mars Odyssey, siquiera se despierten para mirar. El quid de la cuestión es que esta nube no se comporta como las nuestras. Aquí en la Tierra, las nubes son como imanes de suciedad: necesitan una mota de polvo o polen para formarse (nucleación heterogénea). Es como intentar armar un mueble de IKEA; necesitas el manual y las piezas. Pero en Arsia Mons, a unos 45 kilómetros de altura, el aire está tan limpio que el vapor de agua decide congelarse solo, sin ayuda de nadie. A esto los expertos lo llaman 'nucleación homogénea', una teoría que estaba guardada en los libros de texto como algo que 'probablemente no pase en la vida real'. Gracias a la Mars Express y su cámara VMC —que, irónicamente, es una webcam de resolución modesta (640x480) que originalmente solo debía vigilar un aterrizaje—, el equipo de Jorge Hernández-Bernal ha confirmado que el aire cae 30 grados en solo 10 minutos, llegando a los gélidos -143°C. Es un sablazo térmico tan brutal que el agua se congela al instante, creando una cola de hielo que viaja a 610 km/h. Ciencia exótica para un planeta que, una vez más, nos recuerda que sus reglas no son las nuestras.
Mientras nosotros peleamos por el precio del aceite de oliva o intentamos que la hipoteca no nos coma vivos, a 1.300 años luz de distancia hay un planeta que es, básicamente, un postre cósmico. Se llama WASP-17b y tiene la consistencia de un malvavisco: una masa que apenas llega al 0.8 de Júpiter pero que se infla el doble que el gigante de nuestro vecindario. Un 'super-puff' espacial que hace que cualquier dieta parezca un chiste. Pero no se engañen, no es un sitio para ir de vacaciones. El pobre está tan pegado a su estrella que completa una órbita en menos de cuatro días terrestres. Es un horno industrial donde el lado diurno es bombardeado sin tregua, mientras el nocturno intenta sobrevivir al frío eterno. Gracias al James Webb Space Telescope (JWST) y a una técnica llamada 'transmission strings', los científicos han descubierto que su atmósfera no es un círculo perfecto y aburrido, sino un anillo con 'gemas' que sobresalen. No busquen diamantes para vender en la joyería de la esquina; estas joyas son anomalías térmicas donde los vientos calientes chocan con el lado nocturno y hacen que la atmósfera se infle como un globo en plena fiesta. Hannah Wakeford, de la Universidad de Bristol, y Lili Alderson, de Cornell, han logrado que dejemos de tratar a los planetas como dibujos planos de primaria. El estudio, publicado el 14 de octubre en Nature Astronomy, confirma que el universo es tridimensional y caótico. Hemos pasado de hacer ejercicios de matemáticas en una pizarra a ver cómo el clima de un mundo lejano se comporta exactamente como predecían los modelos. Al final, el cosmos es como un buffet libre: hay mundos que son rocas, otros gas y algunos que parecen dulces gigantes con adornos de lujo.
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