No Comets Required? How the Growing Earth May Have Created Its Own Water

Tierra: el agua fue fabricada en casa

ciencia Una representación artística y conceptual de la Tierra primitiva como una esfera de magma incandescente. Desde una atmósfera densa y turbulenta de gases naranjas y rojos, caen miles de pequeños guijarros fundidos que brillan intensamente. Al entrar en contacto con la atmósfera, se generan nubes de vapor de agua blanca y espesa que contrastan con el fuego del planeta. Estilo cinematográfico, hiperdetallado, sin personas.

Durante décadas nos vendieron el cuento de que el agua de la Tierra llegó en un servicio de delivery intergaláctico, cortesía de cometas y asteroides que chocaron contra nosotros como si el planeta fuera un blanco de feria. Una historia romántica, pero con más agujeros que un queso suizo, especialmente cuando intentas encajarla con el impacto que creó la Luna o el famoso Bombardeo Intenso Tardío.

Resulta que la realidad es mucho más bruta y menos 'mágica'. Según la investigación de Susmita Garai y Zachary Sharp de la Universidad de Nuevo México, publicada en Nature Geoscience, el agua no llegó en un paquete externo, sino que la Tierra la fabricó en casa, cocinándola en un entorno que haría parecer al Sahara un congelador.

Imaginen la escena: hace 4.500 millones de años, la Tierra era una bola de magma hirviente con una atmósfera de hidrógeno y helio tan espesa que la presión superaba los 200 bares (imaginen el sablazo de presión que sentiría un buzo a casi 200 veces la presión del nivel del mar).

En este infierno, empezó a caer una 'lluvia de guijarros' de silicatos. Al atravesar la atmósfera a temperaturas de hasta 3.000 K (unos 1.650 °C), estos guijarros sufrieron una reducción del óxido de hierro. En lenguaje de calle: el hidrógeno caliente le robó el oxígeno al hierro de las piedras para fabricar vapor de agua.

Garai lo comprobó en el laboratorio calentando rocas maficas y ultramaficas entre 1.200 y 1.400 °C; el resultado fue un éxito rotundo: el 80% del óxido de hierro se convirtió en metal, soltando agua en el proceso. No hablamos de un vaso de agua, sino de una producción industrial que, según los cálculos, pudo generar desde decenas hasta cientos de masas oceánicas.

Básicamente, la Tierra no necesitó que nadie le trajera la bebida; ella misma montó la fábrica.

Crítica:

El texto original es excesivamente optimista con la extrapolación de datos de laboratorio a escala planetaria. Se olvida mencionar que la pérdida de agua por escape atmosférico podría haber vaciado el tanque antes de que empezáramos a nadar.

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