Gonzalo Bernardos, economista: «Quien más especula con la vivienda no son ni los fondos de inversión ni los propietarios: el 40% del precio son impuestos de la Administración pública»

Hacienda: el mayor especulador de viviendas

economia Una ilustración conceptual y satírica donde una casa pequeña es aplastada por un sello oficial gigante de caucho que representa la burocracia y los impuestos. El sello tiene colores institucionales grises y azules, y la casa es de colores cálidos. De debajo del sello salen monedas de oro que fluyen hacia una oficina gubernamental fría y minimalista. Estilo editorial de revista económica, fondo limpio, iluminación dramática.

Nos han vendido el cuento de que el villano de la película es el fondo buitre con traje italiano o el casero avaricioso que no arregla la caldera. Un relato cómodo, casi poético, que nos mantiene mirando hacia el lado equivocado mientras el bolsillo sigue sangrando. Pero Gonzalo Bernardos ha decidido soltar la bomba en '20minutos' y cambiar el guion: el verdadero especulador no usa despachos en Nueva York, sino que tiene sello oficial y horario de oficina.

Según Bernardos, la Administración pública es la que realmente infla el globo. El dato es un puñetazo en la mesa: más del 40% del precio de una vivienda son impuestos, contando desde que el terreno era un campo de patatas hasta que te entregan las llaves. Para que el ciudadano de a pie lo entienda, es como si al ir al supermercado, casi la mitad del ticket fuera una 'tasa por existir' que no te aporta ni un grano de arroz.

El economista pone los números sobre la mesa con una frialdad quirúrgica. Una casa que hoy te clavan en 300.000 euros pasaría a costar 180.000 si el Estado dejara de meter la mano. Y si hablamos de un piso de dos habitaciones, el precio caería hasta los 140.000 o 150.000 euros.

Una diferencia que es, básicamente, la distancia entre vivir en un zulo o tener una vida digna. ¿Por qué no se hace? Simple: el negocio es demasiado dulce. El sector de la construcción le inyecta al Estado 53.000 millones en impuestos, sin contar lo que paga el comprador final.

Es la paradoja absoluta: el Gobierno grita que hay una 'emergencia habitacional' mientras se sirve un banquete con la recaudación del ladrillo. Al final, la solución para Madrid parece estar en Ciudad Real, porque en la capital el Estado ha decidido que tu techo es su hucha personal.

Crítica:

El texto se limita a reproducir la tesis de Bernardos sin contrastar los datos con otras fuentes fiscales. Es un monólogo económico disfrazado de noticia que ignora las variables del mercado global.

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