El Banco de España se suma a las críticas al Gobierno por no bajar los impuestos de la luz ante la crisis de Irán

Luz cara y diésel barato: el delirio

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde las piezas son enchufes eléctricos y surtidores de gasolina. De un lado, un edificio institucional clásico y sobrio observa con un catalejo cómo el tablero se inclina, mientras monedas de euro caen por una grieta en el suelo. Estilo editorial de periódico financiero, colores sobrios con contrastos en amarillo eléctrico.

Hay una danza muy curiosa en los despachos de Madrid. El Banco de España, bajo el mando de José Luis Escrivá, ha decidido salir del modo silencio para darle un toque de atención al Gobierno en su informe de Proyecciones macroeconómicas del tercer trimestre de 2026. El motivo es el clásico: la factura de la luz y ese caos energético provocado por la guerra en el Golfo Pérsico.

Mientras el ciudadano medio mira el recibo de la electricidad como quien mira una película de terror, el Banco de España advierte que el Gobierno está jugando al revés. La Moncloa ha decidido que el 'escudo anticrisis' sea un abrazo al combustible fósil, pero un desplante a las renovables.

Es como si, para ahorrar en la compra, el Gobierno nos regalara el aceite importado pero nos subiera el precio de las patatas del huerto vecino. El Real Decreto del 29 de septiembre es el ejemplo perfecto: rebajas en el Impuesto Especial de Hidrocarburos (IEH) y topes al gas, pero la luz se queda en el limbo, esperando a que un 'mecanismo de salvaguardia' actúe cuando ya estemos todos a oscuras.

Pero lo más delirante es el lío del diésel. España prometió a Bruselas en 2021, mediante el Hito 388 del Plan de Recuperación, que dejaría de mimar al gasóleo para recibir los fondos Next Generation. Resultado: una incapacidad parlamentaria crónica que nos ha costado 200 millones de euros en ayudas retenidas.

Para rematar la faena, la última medida de septiembre ha inflado la ventaja fiscal del diésel sobre la gasolina, pasando de 9,4 a 24,4 céntimos por litro. En resumen, el Gobierno prefiere pagar la multa a Europa que cambiar la receta, mientras el Banco de España mira el agujero contable con una ceja levantada.

Crítica:

El texto original es una sucesión de datos técnicos que oculta la ineptitud política tras el lenguaje administrativo. Le falta valentía para llamar 'suicidio financiero' a perder 200 millones por no saber legislar.

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