How menopause radically changes the brain – and what happens after

Menopausia: El cerebro se come sus cables

salud Una ilustración conceptual y surrealista de un cerebro humano donde algunas secciones parecen circuitos eléctricos antiguos siendo reemplazados por cables modernos y brillantes, con algunas piezas transformándose en monedas de oro que se desvanecen, estilo arte digital limpio, fondo neutro, atmósfera de transformación médica y biológica.

La menopausia no es solo un asunto de sofocos y mal humor; es, básicamente, que el cerebro decide hacer una reforma integral sin avisar al dueño. Roberta Brinton, de la Universidad de Arizona, lo describe como una 'renovación' donde el órgano se convierte en otro distinto. El problema es la energía.

El estrógeno es el combustible que convierte la glucosa en gasolina cerebral (hasta un 25% de la producción total). Cuando este cae en picado, el cerebro entra en una crisis energética digna de un apagón general en plena hora punta. Para no quedarse a oscuras, el cerebro hace lo que haríamos nosotros con la cuenta corriente en números rojos: recurre al 'cajero automático' de lípidos, que no es otro que la materia blanca.

Brinton analizó a 161 mujeres entre 40 y 65 años y descubrió que el metabolismo de la glucosa cayó un 20% en postmenopáusicas y un 10% en perimenopáusicas. Peor aún, el volumen de materia blanca bajó un 10% en las postmenopáusicas. Es decir, el cerebro se empieza a comer sus propios cables para seguir funcionando.

Esto explica por qué dos tercios de los casos de Alzheimer son mujeres: la obra de reforma deja el terreno abonado para el desastre. No todo es tragedia. Pauline Maki, de la Universidad de Illinois Chicago, pone un poco de freno con un estudio de 242 mujeres, sugiriendo que no todas las mentes se 'canibalizan'.

Además, 9 de cada 10 mujeres en perimenopausia mantienen una memoria verbal normal. La clave parece estar en la Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH), que si se aplica hasta 10 años antes del punto final, puede evitar que el cerebro saque el talonario de la materia blanca. Al final, el cerebro demuestra ser un superviviente: aunque pierde materia gris, aprende a reclutar circuitos alternativos para que no se nos olvide dónde dejamos las llaves.

Crítica:

El texto original es demasiado optimista al final para compensar el terror de la 'canibalización' cerebral. Le falta profundizar en el acceso real a la TRH antes de recomendarla como la panacea.

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