Cuando el reloj marcaba las 12:00 del 1 de enero de 2025, la cifra oficial de musulmanes en España ya superaba los 2,5 millones, equivalentes a un 5 % de la población total. En ese mismo instante, el Observatorio Demográfico CEU CEFAS publicó su informe anual, revelando que 1,79 millones son inmigrantes de primera generación y 680 mil nacidos en suelo español con al menos un progenitor musulmán.
La segunda generación, a la que pertenecen esas 680 mil personas, crece a un ritmo que deja en evidencia la creciente presencia de la comunidad islámica entre los jóvenes. El 11 % de los bebés nacidos en 2024, según datos del INE, tenían al menos un progenitor musulmán, cifra superior a la participación de la población musulmana en el conjunto del país.
Así, la presencia musulmana se concentra en Cataluña, Andalucía y la Comunidad Valenciana, con los municipios de Murcia, Cataluña y La Rioja destacando por su densidad: el 19 % de los nacidos en 2024 tenían al menos un progenitor musulmán. En provincias, Almería alcanzó el 28 %, Gerona el 27 %, Lérida el 25 %, Tarragona el 23 % y Álava el 22 %.
A nivel de edad activa, el 8 % de los hombres entre 20 y 44 años son inmigrantes musulmanes; en Almería, Lérida, Gerona, Tarragona, Murcia, Huesca, Teruel y Huelva, el porcentaje oscila entre el 13 % y el 24 %. El origen geográfico es casi un mapa en sí mismo: el 85 % de los inmigrantes musulmanes proviene de África y el 65 % de Marruecos.
Los siguientes países con mayor presencia son Pakistán, Senegal, Argelia, Mali, Gambia y Bangladesh. El 19 % de los inmigrantes de primera generación son musulmanes, y su fecundidad supera a la de las españolas y de las inmigrantes no musulmanas, gracias a que más del 90 % de las mujeres musulmanas están casadas y, en contraste, solo el 47 % de las españolas nativas lo están. El informe también alerta sobre riesgos políticos: el imaginario del yihadismo irredentista vincula Al‑Andalus con un objetivo simbólico, mientras que la presencia de casi 1,7 millones de marroquíes y descendientes de marroquíes plantea tensiones con Ceuta y Melilla, donde ya se han registrado episodios de entrada ilegal masiva.
El gobierno, por su parte, planea regularizar medio millón de inmigrantes por vía rápida, intentando mitigar la polarización y fomentar la integración. Así, la evolución demográfica en España no solo es un cambio de cifras, sino un relevo cultural y social que exige respuestas políticas inclusivas y una visión realista de los retos que la diversidad plantea a la cohesión del país.
Crítica:
El título suena alarmista y se basa en cifras que, aunque reales, no contextualizan la integración social. Falta crítica al discurso de la "islamización" y el riesgo de xenofobia.
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