La familia okupa de Vitoria cobraba 2.454 euros al mes en ayudas y se fue de vacaciones a Marruecos

Okupas con sueldo público y vacaciones pagadas

social Una ilustración satírica que muestre un contrato de alquiler roto en el suelo, mientras que al fondo se ve una maleta de viaje llena de billetes de euro y un pasaporte, con un fondo que mezcle la arquitectura de Vitoria y un paisaje desértico, estilo caricatura editorial de periódico, colores contrastados.

En Vitoria, el concepto de 'vulnerabilidad' ha decidido jugar al fútbol con las reglas al revés. Tenemos a un propietario que, durante cinco años, ha tenido que hacer maletas y saltar de habitación en habitación —tres alquileres distintos, para ser exactos— mientras su casa en el número 28 de la avenida de Los Huetos era el refugio inexpugnable de una familia que confundió el contrato de alquiler de 600 euros firmado en 2018 con un título de propiedad vitalicio.

El propietario pidió su casa en 2019; los inquilinos respondieron con un silencio administrativo que duró hasta el desahucio del pasado viernes, escoltado por disturbios y la habitual coreografía de detenciones donde la Ertzaintza dice dos y el Sindicato Socialista de Vivienda jura que fueron cuatro. Pero aquí llega la joya de la corona, el dato que hace que a cualquier currante le suba la tensión: la familia percibía 2.454,18 euros mensuales en prestaciones públicas.

Sumemos a eso las ayudas de emergencia y el Banco de Alimentos, y tenemos un presupuesto mensual que envidiaría cualquier autónomo medio. Con ese flujo de caja, que es básicamente un sueldo neto envidiable pagado con el dinero de todos, la familia decidió que la urgencia habitacional podía esperar mientras disfrutaban de 38 días de vacaciones en Marruecos durante el verano de 2026.

Un viaje tan relajado que solo les costó una penalización de 354,74 euros en sus ayudas por 'interrumpir' la búsqueda de empleo. El Ayuntamiento de Vitoria, en un raro momento de lucidez técnica, ha decidido que no hay 'emergencia sobrevenida' cuando tienes tiempo para organizar un tour transcontinental.

Rechazaron el alojamiento temporal y ahora se encuentran con que la vivienda extraordinaria no llega. Al final, la vulnerabilidad resultó ser un concepto muy flexible: para el dueño, significaba vivir en habitaciones; para los okupas, significar viajar por el mundo con la tarjeta del Estado en el bolsillo.

Crítica:

La noticia es un despliegue de indignación basada en datos, aunque el dato del 'verano de 2026' parece una errata temporal del informe original que el periodista no cuestionó. Es un ejemplo perfecto de cómo la burocracia premia la desfachatez sobre la necesidad real.

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