Hay una gimnasia mental fascinante en la gestión de los fondos públicos que ya quisiera para mí cualquier experto en yoga. Resulta que Paz Vega, ahora en modo cineasta, se ha marcado un golazo institucional: el Gobierno le ha soltado un millón de euros en ayudas públicas para financiar 'Ana no', su segunda película como directora.
Un millón. Para que nos entendamos, es el tipo de cifra que hace que cualquier ciudadano medio se atragante con el café mientras mira la factura de la luz, pero en el mundo del séptimo arte es solo un 'empujoncito' para un presupuesto que ronda los 4,5 millones de euros.
Aquí viene la parte donde la realidad se vuelve surrealista.
Mientras el Estado le firma el cheque para que ruede en 35 milímetros por Sevilla, Madrid y Cerdeña, la Agencia Tributaria tiene a María Paz Campos Trigo en su lista de 'VIPs' del impago. La actriz debe 1,84 millones de euros a Hacienda, según los datos al 31 de diciembre de 2025.
Sí, hay una paradoja deliciosa: el mismo Estado que le pide el dinero que no tiene es el que le regala un millón para que adapte una novela de Agustín Gómez Arcos. Es como si el banco te embargara la nevera pero te diera una beca para estudiar gastronomía.
Entre el reparto de lujo con Ángela Molina y Álvaro Morte, y el entramado de productoras como Áralan Films y Blacklight Films, la maquinaria sigue girando.
Incluso con sociedades como Espejito Espejito S.L. en modo 'estoy viva pero no hago nada' y el drama personal de su ruptura con Orson Salazar, el flujo de dinero público no se detiene. Al final, parece que en España la mejor forma de gestionar una deuda millonaria es rodar una película sobre una mujer que viaja para visitar a su hijo preso.
El guion de la vida real es, sin duda, mucho más irónico.
Crítica:
El texto original intenta blindar la subvención aclarando que es para la productora y no para la persona, pero ignora la evidente contradicción ética. Es una noticia de 'corazón' disfrazada de análisis mercantil que no rasca lo suficiente la gestión de las ayudas.
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