Tiny Australian falcons may help aircraft withstand worsening turbulence

Drones copian a halcones para no estrellarse

tecnologia Una ilustración conceptual que contraste la rigidez de un dron moderno de fibra de carbono con la fluidez orgánica de un pequeño halcón australiano. El fondo es un túnel de viento tecnológico con líneas de flujo de aire dinámicas y caóticas en colores neón, resaltando la estabilidad del ave frente a la inestabilidad de la máquina. Estilo arte digital hiperdetallado, cinematográfico.

Mientras nosotros nos aferramos al reposabrazos del avión rezando para que el aterrizaje no sea un deporte extremo, la naturaleza lleva millones de años resolviendo el problema sin leer manuales de ingeniería. Resulta que el cernícalo nankeen (Falco cenchroides), un pájaro australiano que pesa menos que un sándwich de jamón, es capaz de quedarse suspendido en el aire mientras el viento sopla con una violencia que haría temblar a cualquier piloto novato.

Es el maestro del equilibrio en un mundo de caos atmosférico. El problema es que nuestros ingenieros se han empeñado en diseñar máquinas rígidas, y con el cambio climático, la turbulencia se está volviendo el pan de cada día. Para los sUAV (vehículos aéreos no tripulados), esto es un drama: intentar que un dron de reparto no acabe estrellado contra un tejado es hoy un ejercicio de fe.

Actualmente, estos cacharros usan un par de soluciones baratas para mitigar el viento, básicamente el equivalente a ponerle un parche a una tubería rota para ahorrar costes y peso. Pero un equipo internacional, liderado por mentes del Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT), ha decidido dejar de jugar a los Legos y copiar al experto.

Matt Penn, Mario Martinez Groves-Raines y Abdulghani Mohamed han publicado dos estudios en el Journal of the Royal Society Interface tras meter robots-réplica en túneles de viento infernales. La conclusión es tan obvia como humillante para la tecnología humana: el secreto está en el combo.

Al coordinar la extensión de las alas con la apertura de la cola, el cernícalo optimiza la sustentación y anula las vibraciones. No es magia, es arquitectura orgánica. Ahora el reto es ver si pueden digitalizar la capacidad sensorial del ave, porque resulta que el pájaro no solo vuela, sino que 'entiende' el viento mientras nosotros seguimos intentando que el Wi-Fi del avión funcione.

Crítica:

La noticia es un despliegue de optimismo académico que ignora el coste real de implementar estas biomiméticas en serie. Se vende como una revolución, pero es básicamente 'estamos probando si el robot puede imitar al pájaro'.

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