Neck fans might look goofy, but tests show they work surprisingly well

Ventiladores de cuello: ridículos pero efectivos

tecnologia Una ilustración satírica de un empleado de oficina moderno, vestido con ropa casual de verano, llevando un ventilador de cuello futurista y exagerado. El entorno es un cubículo gris y aburrido, pero alrededor del cuello del hombre hay una aureola de aire fresco azul brillante y refrescante. Estilo de arte conceptual digital, colores contrastados entre el gris corporativo y el azul eléctrico del aire.

Llevar un ventilador colgado al cuello es, visualmente, el equivalente a vestir un disfraz de robot en una boda: un suicidio social. Sin embargo, la ciencia acaba de darnos el permiso oficial para hacer el ridículo. Un estudio publicado en E3S Web of Conferences revela que estos gadgets, que durante dos décadas fueron el hazmerreír de la oficina, funcionan sorprendentemente bien.

El truco está en la biología: la cabeza y el cuello representan apenas el 5.5% de la superficie corporal, pero son el termostato maestro del organismo. Enfría ahí y el resto del cuerpo se apunta. Para evitar que el estudio fuera una cuestión de 'opiniones', los investigadores de la Universidad de Concordia en Canadá decidieron echar a los humanos de la ecuación.

En su lugar, usaron un maniquí térmico de 23 segmentos, modelado según el promedio de un hombre escandinavo y vestido con el uniforme estándar del 'currante' de verano: camisa de manga corta, pantalón y zapatillas. En una habitación a 77 grados Fahrenheit —ese punto exacto donde el aire se vuelve pegajoso y el humor decae—, pusieron a prueba cuatro dispositivos.

El veredicto es lapidario para los puristas de la moda: el ventilador de cuello rinde casi igual que un ventilador de mesa sin aspas. Aunque no tiene la potencia bruta de los ventiladores de aspas tradicionales (que son básicamente huracanes de escritorio), el wearable gana por goleada en eficiencia energética y convivencia.

No molestas al compañero de cubículo con ráfagas de aire no deseadas ni consumes electricidad como si estuvieras minando bitcoins. Lo más cínico es la lectura corporativa: Mohamed Ouf, profesor de ingeniería y coautor, sugiere que esto es el sueño de cualquier jefe tacaño.

¿Para qué gastar una fortuna en climatizar plantas enteras de oficinas híbrimas cuando puedes subir el termostato y decirle a tu plantilla que se compre un collar que sopla aire?

Crítica:

El texto original es una oda al ahorro energético disfrazada de avance tecnológico. Convierte la precariedad del aire acondicionado en las oficinas en una 'oportunidad de eficiencia' mediante el uso de gadgets ridículos.

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