Mosquitos: Ahora les va el repelente
El verano se acerca y con él, el zumbido incesante de los mosquitos. Durante décadas, el repelente ha sido nuestro escudo, un pacto de no agresión firmado con un olor que, al parecer, ya no convence a las nuevas generaciones de vampiros alados. Un estudio publicado en el Journal of Experimental Biology revela que el Aedes aegypti, el mosquito responsable de la fiebre amarilla, el dengue y el zika, ha desbloqueado un nuevo nivel: aprender a amar el repelente. No, no es una broma.
Lo que antes era una señal de peligro, una barrera olfativa de N,N-Dietil-meta-toluamida, ahora se interpreta como un cartel de “buffet libre”. Los investigadores, en un laboratorio más controlado que mi lista de la compra, expusieron a los mosquitos a recompensas (azúcar, en este caso) en presencia del repelente. El resultado: más del 60% de los mosquitos, tras la 'clase de repitición', se dirigió directamente al olor, ignorando su función original. Es como si les hubiéramos enseñado a que, después de la colonia, viene el festín.
Esto no es nuevo. En 2013, ya se detectó que los mosquitos desarrollaban tolerancia al DEET, ignorándolo después de tres horas. Ahora, entendemos el 'por qué': una reprogramación neuronal. La clave está en la recompensa. Si el mosquito encuentra la sangre (o el azúcar) después de superar la barrera del repelente, su cerebro asocia el olor con la satisfacción. El mundo real, sin embargo, es menos predecible. Un mosquito sin 'premio' tras el esfuerzo, probablemente se irá frustrado, aunque la plasticidad cerebral de estos insectos nos obliga a replantearnos las estrategias de salud pública. No estamos hablando solo de picaduras molestas, sino de la transmisión de enfermedades graves como el paludismo o el zika. La próxima vez que te apliques repelente, recuerda: podrías estar invitando a una fiesta.
Mario Herrera