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Antes de que George Lucas nos vendiera la moto de una galaxia muy lejana, MGM ya nos había servido un banquete de distopía con purpurina y sintetizadores. 'Logan's Run', estrenada el 23 de junio de 1976, es esa joya que hoy cumple 50 años y que nos recuerda que el paraíso, cuando es demasiado blanco y brillante, suele ser una trampa para ratones. Imaginen un mundo donde llegar a los 30 años es como que te venza la tarjeta de crédito: te quedas fuera del sistema. La trama es un ejercicio de hipocresía estatal: el 'Carrusel' se vende como una reencarnación mística, pero en realidad es una limpieza de inventario humana. Michael York, en la piel de Logan 5, trabajaba como un 'Sandman', básicamente un cobrador del fracaso encargado de liquidar a los que no aceptaban su fecha de caducidad. Junto a él, el implacable Francis 7 (Richard Jordan) y la magnética Jessica 6 (Jenny Agutter) se movían por una ciudad de cúpulas que hoy nos parecería el lobby de un hotel caro en Las Vegas. En el reparto no faltaron los adornos, con Farrah Fawcett-Majors aportando el glamour en el 'New You Shop', mientras que el robot Box, interpretado por Roscoe Lee Brown, ponía la nota de terror gélido. El despliegue técnico fue un sablazo de presupuesto: 9 millones de dólares invertidos que se tradujeron en 25 millones en taquilla doméstica. No fue solo dinero; fue vanguardia pura. Fue la primera película en lucir el Dolby Stereo en copias de 70mm y se llevó un Oscar por sus efectos visuales. Basada en la novela de William F. Nolan de 1967 y dirigida por Michael Anderson, la cinta utilizó escenarios reales como el Hyatt Regency de Houston para fingir el futuro. Hoy, mientras los rumores de un remake con Ryan Gosling siguen más estancados que el tráfico en hora punta, nos queda la nostalgia de una era donde la ciencia ficción no necesitaba CGI para darnos miedo.
Hablemos claro: el mercado de los chatbots es como un patio de colegio donde todos quieren ser el capitán. Mientras ChatGPT y Gemini se pelean por quién dibuja mejor un gatito espacial, Claude, el hijo bien educado de Anthropic, ha decidido que su camino es el de la eficiencia ejecutiva. No te dará imágenes surrealistas, pero te organiza la vida mientras tú te tomas un café. Para los que no quieren soltar la pasta, Claude es gratis, pero si tienes 20 dólares al mes —lo que hoy en día es básicamente el precio de tres hamburguesas decentes— desbloqueas el 'Research mode'. Con este interruptor, la IA deja de improvisar y se va a hacer una inmersión profunda en la red, devolviéndote un documento formateado con fuentes reales para que no tengas que jugar al detective. Lo más juguetón son los 'conectores'. Puedes enchufar a Claude a tu Gmail para que limpie el caos de tu bandeja de entrada o a Spotify para que te monte una playlist sin que tengas que pensar. Y si estás en la calle, la app móvil (disponible en iOS y Android, además de Windows y macOS) tiene un modo cámara que te explica qué es esa planta rara o qué demonios dice el menú en un idioma que no hablas. Pero el verdadero 'truco de magia' es su capacidad de exportación. Claude no se limita a soltar texto en la pantalla; te escupe archivos en PDF, Word, Excel o PowerPoint. Es el becario perfecto: redacta la carta al director del colegio de tus hijos y te la deja lista en PDF para imprimir. Todo esto mientras puedes hablarle mediante el 'Voice Mode' si vas conduciendo y no quieres estrellarte contra un muro por intentar escribir un prompt.
Hablemos claro: comprar una parrilla Weber es como comprar un coche alemán; sabes que te va a durar una década, pero te duele el bolsillo al mirar la etiqueta. Ahora, con la excusa del Día del Padre, la marca ha decidido abrir el grifo de los descuentos en 65 productos, aunque algunos 'recortes' parecen más un redondeo de propina que una verdadera ganga. Si buscas entrar en el club sin hipotecar la casa, el Spirit E-210 es la puerta de entrada a 399 dólares (antes 449). Es el típico equipo para una familia de cuatro que no quiere cambiar de grill cada dos veranos porque el anterior se deshizo como un azucarillo. Para los que prefieren el 'low and slow', el Searwood 600 ha bajado a 899 dólares, permitiéndote vigilar la carne desde el sofá gracias a su app, la máxima expresión de la pereza tecnológica moderna. El verdadero sablazo —en el buen sentido— está en el Spirit SX-315 Smart Grill de gas natural, que con un 20% de descuento cae a 695,20 dólares. Es la rebaja más agresiva del evento, mientras que la línea Genesis se conforma con un descuento plano de 100 dólares, dejando modelos como el S-315 en 899 dólares para propano. ¿Y para los que aman el acero? Las planchas Slate, esas que prometen no oxidarse aunque vivas en la costa, tienen un descuento estándar de 50 dólares. La de 30 pulgadas se queda en 649 dólares. Si tu presupuesto es el de una cena decente, puedes ir a por los accesorios: guantes premium a 38,99 dólares o el set de precisión a 34,99 dólares. Incluso las bolsas de pellets de 20 libras han bajado 5 dólares, quedando en 14,99 dólares. Es la oportunidad perfecta para fingir que eres un experto parrillero mientras el banco procesa el cargo.
Hay amores que son como intentar pagar una cena de lujo con cupones caducados: mucha voluntad, pero el resultado es ridículo. 'Superman Returns', que cumple 20 años este fin de semana, es exactamente eso. Bryan Singer decidió que la mejor forma de innovar era no innovar nada, convirtiendo la película en una carta de amor tan empalagosa que casi requiere insulina. El director se obsesionó tanto con el legado de Richard Donner y su cinta de 1978 que prohibió tocar una sola nota de la música de John Williams; John Ottman quiso retocar un flautín y Singer básicamente le puso el freno de mano. La película es un Frankenstein narrativo. Pretende ser una secuela de 'Superman II', ignorando que 'Superman III' y 'Superman IV' existieron (un movimiento tan común en Hollywood como borrar la deuda de la tarjeta de crédito fingiendo amnesia). Nos venden que han pasado cinco años, pero la acción salta de 1985 a 2006 sin despeinarse. Mientras tanto, DC intentaba desesperadamente dejar de sangrar después de los desastres de 'Batman & Robin' (1997) y 'Catwoman' (2004), viendo cómo Marvel se llevaba todo el pastel con 'X-Men' y 'Spider-Man'. El resultado fue un híbrido extraño: Brandon Routh hace un Superman melancólico que parece que acaba de perder el perro, y Kevin Spacey interpreta a un Lex Luthor que se cree el dueño de la inmobiliaria más malvada del mundo. La cinta recaudó 391 millones de dólares, quedando novena en el ranking del año, por detrás de 'The Da Vinci Code' y hasta de 'X-Men: The Last Stand'. Warner Bros miró la cifra, comparó el esfuerzo con la rentabilidad y decidió que no había presupuesto para más nostalgia. Al final, nos quedó una historia donde un niño lanza un piano y Lois Lane es rescatada por un fax. Muy 2006, efectivamente.
Resulta que las paredes de las cuevas son el primer disco duro de la humanidad, y no precisamente uno de estado sólido. Durante el proyecto First Art, entre 2022 y 2025, un equipo de científicos se puso a rascar 11 cuevas entre España y Portugal, buscando rastros de pintura roja y calcita. Lo que encontraron no fue solo arte, sino la firma genética de quienes, hace miles de años, decidieron que dejar un punto o un triángulo en la roca era el mejor 'post' de su época. La sorpresa llegó en la Cueva de Escoural, en Portugal, donde un dibujo parecido a un punto y coma guardaba ADN humano. Sí, el primer 'estornudo' prehistórico documentado o quizá la huella de un artista que no sabía que su rastro duraría más que cualquier hipoteca actual. Alba Bossoms Mesa, del Instituto Max Planck, admite con una honestidad refrescante que no saben si el ADN es del artista o de alguien que simplemente pasó por allí y tuvo un ataque de alergia. Lo fascinante es que el ADN no estaba mezclado con restos de animales, como suele pasar en el suelo, sino que era puramente humano. De cuatro muestras, tres eran mujeres y una era hombre, pertenecientes a los cazadores-recolectores occidentales de hace 17.000 a 5.200 años. Mientras nosotros peleamos por el Wi-Fi, estos tipos dejaron su código genético en la piedra. Aunque la tasa de éxito es bajísima —solo un panel de 24 dio positivo—, la posibilidad de saber si los Neandertales eran los verdaderos picassos de la Edad de Piedra en cuevas como Nerja o Ardales tiene a Hipólito Collado Giraldo y a Genevieve von Petzinger emocionados. Básicamente, han descubierto que no hace falta cavar hoyos destructivos para leer la historia; basta con que el artista prehistórico haya tenido la mala costumbre de escupir la pintura o tocar la pared.
Imagínate que pasas décadas estudiando la partitura de una ópera compleja solo para que llegue un chaval con un botón mágico y la toque perfecta sin saber leer música. Eso es exactamente lo que está pasando en el Olimpo de las matemáticas. Adrià Voltà, un tipo con una formación en física que se quedó en el camino, decidió jugar al casino de los teoremas usando GPT 5.5 Pro. ¿El resultado? Un recordatorio de que, aunque la IA puede escupir fórmulas que parecen escritas por Dios, si no tienes la brújula adecuada, acabas celebrando que has descubierto que el agua moja. La cosa ha pasado de ser una curiosidad a un pánico existencial. En abril, en una reunión secreta en San Francisco (con puerta rosa y timbre de video, muy estilo startup de garaje), los cerebros de Stanford, Toronto y Berkeley se miraban las caras con un miedo real. ¿Para qué quemarse las pestañas en un doctorado si AlphaProof de Google DeepMind ya se saca unas medallas de plata y oro en la Olimpiada Matemática Internacional (IMO) como si fueran caramelos? En julio de 2024, AlphaProof resolvió cuatro de seis problemas del IMO; un año después, OpenAI ya estaba jugando en la liga del oro. Lo más delirante es que aficionados como Kevin Barreto y Liam Price están limpiando la lista de problemas de Paul Erdős usando GPT 5.2 Pro. No es ciencia, es domesticación: hay que decirle a la IA "no te rindas" o "está fácil", como quien intenta convencer a un niño malhumorado para que recoja sus juguetes. Mientras tanto, figuras como Terence Tao sugieren que pasaremos de la "escasez de pruebas" a la abundancia, donde el trabajo del matemático ya no será encontrar la respuesta, sino intentar entender el jeroglífico que la máquina ha soltado. Desde resolver la conjetura de la distancia unitaria plana hace 80 años hasta el problema Erdős 1196, la IA ya no pide permiso para entrar en el laboratorio.
Resulta fascinante que la NASA, con presupuestos que harían temblar a cualquier ministerio de hacienda, siga siguiendo el guion de un francés que escribía con pluma y tintero hace siglo y medio. Rob Navias, comentarista de la agencia, celebró el aterrizaje de la nave Integrity en el Pacífico este pasado abril, sin notar que el libreto ya estaba escrito en 1865. Jules Verne, en 'De la Tierra a la Luna', no se limitó a fantasear con globos; se puso serio con la velocidad de escape y las correcciones de trayectoria, aunque su método de lanzamiento fuera, básicamente, un cañonazo monumental. Verne diseñó la 'Columbiad', un cañón de 274 metros que disparaba a tres aventureros —Barbicane, Nicholl y Ardan— hacia el vacío. Claro, en la realidad, ese arranque instantáneo los habría convertido en una pasta de tomate humana antes de salir de la atmósfera, un detalle que la NASA ha corregido sustituyendo la pólvora por motores que no licúan a la tripulación. Además, mientras Reid Wiseman y su equipo de Artemis 2 cenaban raciones rehidratadas que saben a cartón mojado, los personajes de Verne disfrutaban de vinos finos y cenas gourmet en una cápsula que parecía más un salón victoriano que un módulo de supervivencia. Lo inquietante es la precisión: Verne eligió Florida por su cercanía al ecuador para ganar impulso, una jugada maestra que la NASA replicó décadas después en Cabo Cañaveral. Incluso predijo la trayectoria de retorno libre y esos destellos misteriosos en la cara oculta de la Luna que Wiseman reportó, aunque Verne los llamó volcanes y nosotros los llamamos micrometeoritos. Al final, el aterrizaje en el Pacífico y el desfile triunfal por EE. UU. son el mismo cliché, ya sea en 1869 o en la era del streaming. Verne no escribió ciencia ficción; escribió el manual de instrucciones que la NASA tardó 160 años en ejecutar.
Mientras nosotros nos peleamos por si el aire acondicionado del salón está a 22 o 24 grados, el Atlántico Norte ha decidido montar su propio congelador industrial. Lo llaman el 'cold blob' o 'agujero de calentamiento', una mancha de agua al sureste de Groenlandia que, mientras el resto del planeta suda la gota gorda, ha bajado su temperatura hasta 1°C. No es un capricho meteorológico; es la señal de que la AMOC (la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico), ese cinturón transportador que trae el calor del Golfo de México hacia Europa, está empezando a fallar. El problema es que el hielo de Groenlandia se está derritiendo a un ritmo alarmante, soltando agua dulce que diluye la salinidad. Es como intentar mezclar aceite con agua: la densidad cae, el agua no se hunde y el motor del clima se atasca. Stefan Rahmstorf, del Instituto Potsdam, ha usado datos de satélites y boyas para decirnos que el frío no está solo en la superficie, sino que llega a los 1000 metros de profundidad. Olvídense de que sean solo nubes o vientos molestos; el océano está perdiendo fuerza. La hipocresía reside en que seguimos discutiendo modelos climáticos mientras el 'giro subpolar' amenaza con colapsar. Si este sistema de corrientes dice basta, Europa podría empezar a congelarse ya en la década de 2040. Eso sí, los científicos siguen en su eterno debate: Chengfei He de la Northeastern University insiste en que el viento y el Ártico son los culpables, y David Thornalley de UCL recuerda que no tenemos datos directos suficientes, pues solo llevamos 22 años midiendo la AMOC. Básicamente, estamos intentando diagnosticar un motor fundido escuchando el ruido desde fuera del coche.
Ochenta años después, el mar ha decidido devolver un secreto que huele a tragedia y mala gestión. El Hōfuku Maru, un carguero reconvertido en 'Hellship' por la Armada Japonesa, ha sido localizado frente a la costa de Zambales, en Filipinas. No hablamos de un crucero de lujo con buffet libre, sino de una trampa flotante donde el hambre, la sed y los golpes eran el menú diario. Para que nos entendamos: meter a 1.000 prisioneros británicos y holandeses en las bodegas de un barco militar es como intentar meter a toda una grada de estadio en un ascensor; el resultado es catastrófico. La ironía es que el Hōfuku Maru se hundió en menos de tres minutos el 21 de septiembre de 1944, probablemente por fuego amigo, ya que los Aliados no tenían ni idea de que sus propios soldados viajaban en esos ataúdes de acero. El desastre dejó más de 1.000 muertos en ese viaje concreto, sumándose a una cifra global escalofriante: de los 125.000 prisioneros que pasaron por los Hellships, unos 20.000 terminaron en el fondo del océano. El hallazgo no fue cuestión de suerte, sino de leer la letra pequeña. Randy Anderson y la Hellships Memorial Foundation se dieron cuenta de que los archivos militares mentían o se equivocaban por 30 millas. Un error de cálculo que, en la calle, sería como perder las llaves de casa, pero que aquí significaba olvidar dónde yacían mil cadáveres. Gracias a la fotogrametría de Evan Kovacs, la arqueología de Calvin Mires y la curiosidad de Josh Gates, el casco partido en dos —exactamente como decían los planos— emergió a 160 pies de profundidad. El rompecabezas está completo, aunque las piezas sean restos humanos y metal oxidado.
Hay gente que deja herencias en cuentas bancarias y otros que, como Elliott Smith, dejan una discografía que te rompe el alma y un trozo de roca flotando en el vacío. El músico se fue en 2003, con apenas 34 años, dejándonos esa melancolía sofisticada que hoy ha saltado la atmósfera. Gracias a la insistencia de Orlando Campopiano, un cineasta independiente que probablemente escuchaba 'Shooting Star' mientras miraba el techo, el universo ahora tiene un nuevo nombre en su registro: el asteroide (861969) 2014 OS439 se llama oficialmente 'Elliottsmith'. Lo curioso es que esto no fue un lanzamiento de moneda al aire. El número de serie original, 861969, es un espejo exacto de la fecha de nacimiento del artista: 6 de agosto de 1969. Una coincidencia de esas que te hacen pensar que el cosmos tiene un sentido del humor muy irónico o un gusto musical impecable. El proceso no fue un simple trámite de ventanilla; Campopiano tuvo que coordinarse con los herederos del músico y convencer a la Unión Astronómica Internacional (IAU), los porteros oficiales del cielo, para que aceptaran la propuesta. El asteroide fue detectado originalmente en 2014 por el proyecto Pan-STARRS 1 en Hawái, pero pasó una década siendo solo un número aburrido hasta que el deseo de inmortalizar la luz breve y brillante de Smith caló en los burócratas espaciales. Mientras nosotros peleamos por el precio del alquiler o el ticket del metro, hay una roca volando a miles de kilómetros que ahora lleva el nombre de un tipo que nominaron al Oscar y que prefería la intimidad de un sótano. Poético, sí, pero también el recordatorio definitivo de que el estrellato real ocurre cuando ya no estás para cobrar las regalías.
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Cristian Sanz