Estudio Columbia: inyección aerosoles estratosféricos, alto riesgo
Un estudio reciente de investigadores de la Universidad de Columbia cuestiona la viabilidad y los efectos positivos de la inyección de aerosoles estratosféricos (SAI) para mitigar el cambio climático, técnica que busca reflejar la luz solar. Aunque las simulaciones idealizan el proceso, la realidad presenta limitaciones significativas. V. Faye McNeill, coautora, enfatiza que los modelos asumen partículas perfectas en tamaño y cantidad, inyectadas con precisión, lo cual difiere del mundo real donde ni las partículas son ideales ni los gobiernos coordinan acciones eficazmente.
El artículo, publicado en Scientific Reports, detalla tres grupos principales de limitaciones. La primera se refiere a la física de la dispersión de aerosoles. El efecto depende de factores como altitud, longitud, estación y latitud. Inyectar en latitudes altas podría alterar los monzones tropicales, mientras que concentrar la liberación cerca del ecuador podría perturbar el chorro polar y la circulación de calor. McNeill subraya la importancia del dónde y cuándo de la inyección, sugiriendo la necesidad de una implementación centralizada y coordinada, algo improbable dadas las realidades geopolíticas actuales.
El segundo bloque aborda los materiales. La mayoría de los estudios se centran en sulfatos, similares a los liberados por erupciones volcánicas. La erupción del Pinatubo en 1991, que enfrió el planeta ~1°C durante años, es un ejemplo. Sin embargo, también causó alteración del monzón indio, disminución de lluvias en el sur de Asia, calentamiento estratosférico y daño a la capa de ozono. El uso intencional de sulfatos podría replicar estos efectos y añadir lluvia ácida o contaminación del suelo.
Se han propuesto alternativas minerales como carbonato cálcico, alúmina alfa, rutilo y anatasa de titanio, circonia cúbica o diamante. Miranda Hack, autora principal, critica que la discusión se ha centrado en propiedades ópticas sin considerar la disponibilidad y el coste de mantener un programa anual. Diamante es ópticamente superior, pero escaso; circonia cúbica y rutilo podrían cubrir la demanda, pero sus precios se dispararían. Carbonato cálcico y alúmina alfa son abundantes, pero todos los materiales enfrentan el problema de la agregación de partículas por debajo de una micra. Estos agregados dispersan peor la luz, reduciendo los beneficios climáticos esperados.
El tercer y más complejo bloque es la gobernanza. Un despliegue efectivo requiere decisiones coordinadas sobre la inyección y la respuesta a impactos regionales adversos. Los autores advierten que naciones o actores no estatales podrían iniciar programas descoordinados, aumentando la incertidumbre y los riesgos. Gernot Wagner concluye que la geoingeniería solar implica compensaciones de riesgo y que los modelos actuales no representan la realidad. El estudio, también firmado por Daniel Steingart, insta a reconocer estas limitaciones prácticas antes de considerar seriamente la SAI, recordando que el planeta no es un laboratorio con margen de error ilimitado.
Comentarios