Hummus Made From Moon-Grown Chickpeas Might Be on the Menu for Future Lunar Residents

Moon Chickpeas: Space Food's New Trend

ciencia Un laboratorio de cultivo con una placa de garbanzos creciendo en suelo lunar artificial, rodeado de tubos de ensayo y luces que resaltan la textura rocosas y el brillo microscópico del hongo, con un gusano de tierra estilizado sobre el suelo.

El 1 de mayo de 2026, la NASA, con la mirada puesta en 2028 y una pausa de más de medio siglo, se atrevió a sembrar algo que suena más a cuento que a comida: garbanzos cultivados en rególito lunar. Con la ayuda de estiércol de gusano y un hongo camarada, el equipo de la Universidad de Texas en Austin, encabezado por Sara Oliveira Santos, y sus colegas de Texas A&M, lograron que la semilla se arrastrara entre tierra lunar simulada, logrando una cosecha que, aunque aún no ha sido probada en un Plato de comida, promete ser la base de un futuro hummus lunar. La tierra artificial, creada en un laboratorio de Florida, se describió como 99 % fiel a las muestras de Apolo, pero sin la microbiota esencial ni la carga de metales pesados que el planeta tiene de madre.

Los investigadores, que no se han quedado con la teoría, mezclaron el rególito con vermicompost, una mezcla de desechos de misiones que incluye restos de comida, ropa de algodón y productos higiénicos, y la cubrieron con micelio de hongos micorrízicos, que actúan como un filtro de metales y un amortiguador de estrés. El resultado fue sorprendente: hasta un 75 % de rególito en la mezcla todavía permitió que los garbanzos se desarrollaran, aunque a un ritmo más lento que los de suelo terrestre.

Más allá del rendimiento, la presencia de hongos mostró que los microorganismos son la pieza clave para que las plantas sobrevivan en la superficie lunar, tal como lo hicieron los primeros cultivos de mostaza en la Luna en 2022. Sin embargo, la pregunta de la “salud” sigue sin respuesta.

¿Su exceso de metales los hace tóxicos? ¿O, como sugiere Jessica Atkin, la primera delicia lunar será un hummus que solo el primer astronauta podrá degustar? La ciencia, aunque prometedora, todavía necesita una prueba de fuego (o de sabor) para confirmar que el futuro de la alimentación lunar no sea solo una ilusión de polvo y sueños. Mientras tanto, la NASA, con su programa Artemis y el objetivo de establecer una presencia permanente en la Luna, sigue buscando la receta perfecta: menos envío de alimentos desde la Tierra y más producción local.

La última broma del laboratorio: si los garbanzos se vuelven comestibles, Atkin se hará la primera de las que probarán el hummus lunar, y el resto del mundo tendrá que esperar a que la Luna se convierta en una auténtica cocina espacial.

Crítica:

El artículo se queda en la teoría, sin pruebas de seguridad ni datos nutricionales, lo que deja al lector con más preguntas que respuestas. La ironía es divertida, pero la falta de resultados concretos empaña la credibilidad.

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