Why organisms are more than machines

Organisms: More Than Your Smartphone

ciencia Un laboratorio de investigación futurista, con una mesa de trabajo llena de libros de filosofía y biología, una pizarra con ecuaciones y diagramas de células, un computador de última generación, una taza de café humeante y una lámpara tenue que crea sombras de moléculas y circuitos sobre las paredes.

En la era del “superinteligencia” que la IA promete, la gente se pregunta si los algoritmos acabarán con la humanidad. Pero antes de lanzar la bomba, la respuesta está en una carta de 1903 de Hans Jonas, filósofo alemán que, cuando los nazis se alzaron, escapó y se unió a una brigada judía británica para esperar una victoria liberadora.

Su tesis: la vida es más que un conjunto de átomos en movimiento. Jonas, estudiante de phenomenología bajo Martin Heidegger, se rebeló contra el dualismo y el reduccionismo que dominan la ciencia. En 1966, con *The Phenomenon of Life*, escribió el capítulo “¿Es Dios un matemático? El significado de la metablasa”, donde se enfrenta al sueño laplaciano: un ser perfecto que conoce todas las posiciones y velocidades de cada partícula.

Si ese “Dios” sólo percibe estados atómicos, ¿cómo distinguirá una célula viva de un cadáver sin vida? Jonas responde: la vida es un sistema abierto que mantiene una organización dinámica –metabolismo– que no aparece en el instante puro de las partículas. El filósofo recurre a Kant, que describió la membrana celular como un círculo vicioso de causa y efecto: la célula necesita la membrana y la membrana necesita la célula.

Así nace el concepto de autopoiesis, acuñado por los chilenas Maturana y Varela en los años 70, y formalizado por Robert Rosen en los 80 con los sistemas (M,R), que, según él, no son computables por una máquina de Turing. El mensaje es claro: la vida crea y mantiene su propia identidad, algo que un algoritmo, por más avanzado que sea, no puede replicar. La polémica pasa de la filosofía a la práctica.

Mientras la IA se vende como “superinteligencia”, la comunidad científica está reconociendo que la reduccionista visión de la biología es insuficiente. La metablasa, la interioridad y la libertad necesaria para sobrevivir son elementos que un algoritmo que solo procesa datos no puede captar.

Jonas concluye con la frase que ahora resuena en cada laboratorio: “La vida sólo puede conocerse por la vida”. En la calle, esto suena como la advertencia de un barista que te dice que el café no es simplemente café; es el ritual que marca el inicio del día.

Crítica:

El artículo se cubre con erudición sin ofrecer evidencia concreta, dejando al lector con más preguntas que respuestas. No logra cerrar la brecha entre la ciencia y la vida con datos sólidos.

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