How the modern world turned gray (and why color may be coming back)

Gray’s the new black, people buy it

cultura Una ciudad gris con fachadas de casas de tonos neutros, rodeada de automóviles de colores brillantes que contrastan con el entorno monocromo; fondo de un cielo nublado, sin personas, solo sombras de edificios y carreteras.

En la gran feria del color, la gran mayoría de los estadounidenses elige el tono que suena a "fuga de emociones": gris, off‑white, beige o esa mezcla que no decide si es gris o beige, y se queda en ambos. Un mapa que, lejos de ser una obra de arte, es un catálogo de la indiferencia cromática que se ha vuelto la nueva norma.

Mientras la gente revisa su lista de la compra, la pintura de la casa se resbala en un vaso con "Resigned Indifference®". Los datos no mienten. En 2020, un equipo del Science Museum Group de Londres alimentó a un algoritmo con 7.000 fotos de objetos cotidianos que iban desde un telégrafo de 1844 hasta un móvil de 2008.

El resultado fue un descenso abrupto de los colores vivos a tonos neutros, una tendencia que se aceleró en el siglo XXI y que hoy cubre el 80 % de los autos nuevos en EE. UU. 2023: 80 % achromáticos versus 60 % en 2004. En 2011, el blanco se volvió el color de coche más vendido mundialmente, y sigue siendo el rey en 2025 con un 38 % según el informe anual de BASF.

El negro, el gris y el plata suman un 88 % del total de vehículos producidos. El azul, con un 6 %, es el más popular a nivel global, mientras que el verde y el rojo apenas alcanzan el 3 % cada uno. El origen de esta "grayening" no es solo la producción en masa. En el siglo XIX, la naturalidad de la madera y el bronce cedía ante el negro, blanco y gris.

La estética modernista de Loos y el Bauhaus, con su mantra de "líneas simples, sin adornos", reforzó la neutralidad como símbolo de madurez moral. Le Corbusier incluso calificó el color como "adecuado para razas simples, campesinos y salvajes". Los automóviles se convirtieron en el espejo de esta mentalidad: el Model T de Ford, que en 1910 costaba $780 y en 1924 se vendía por $290, fue pintado en negro por razones industriales – el barniz negro secaba más rápido, era más duradero y barato.

La cultura del gris se consolidó en la era de la minimalista Millennials: la pantalla del iPhone, las paredes de los apartamentos y las fachadas de las casas. El nombre de los tonos, como "Agreeable Gray" o "Mindful Gray", son más un post: "No me definas, solo sea neutral" que una declaración de estilo.

La psicología también respalda la conexión: un estudio de la Universidad de Manchester mostró que los que ansían o están deprimidos eligen el gris como reflejo de un estado mental oscuro. Sin embargo, el espectro no se ha detenido. En 2025 Pantone eligió Mocha Mousse, Behr Rumors y Valspar Encore, colores cálidos que sugieren que la paleta puede volver a la vida.

Axalta y GM introdujeron verdes oscuros, y los dispositivos siguen brillando con colores vibrantes que rompen la monotonía. Así, la tendencia que parecía un monólogo gris podría terminar con un retrollamada que nos vuelva a pintar de vivos colores, aunque el camino sea más lento que la producción de un Model T.

Crítica:

El artículo abre la puerta al debate pero deja al lector sin una propuesta concreta de cómo romper la monotonía cromática. La narrativa, aunque irónica, se apoya demasiado en cifras sin profundizar en las motivaciones psicológicas del consumidor.

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