La inversión extranjera en España ha caído a la mitad con Sánchez de presidente

Sánchez: Inversión extranjera a medio precio

economia Una ilustración conceptual y satírica. Una maleta de cuero antigua abierta sobre un mapa de España, pero la maleta está casi vacía, con solo unas pocas monedas doradas flotando hacia afuera. Al fondo, una gráfica de líneas descendente que se transforma en un tobogán. Estilo editorial de revista económica, colores sobrios con contrastos fuertes, luz dramática.

Hacer que un inversor internacional traiga su dinero a España es hoy como intentar convencer a alguien de que compre un coche usado con el motor echando humo: requiere una fe ciega o una ingenuidad gloriosa. Los datos de la Secretaría de Estado de Comercio no mienten, aunque a algunos les duelan.

Pasamos de un récord de 58.432,3 millones de euros en 2018 a unos magros 32.011,8 millones el pasado ejercicio. Un desplome del 45%. Para que nos entendamos: es como si en tu cuenta bancaria desaparecieran 26.420 millones de euros mientras el Gobierno te explica que todo va sobre ruedas. La sangría no se detiene.

Al arrancar 2026, la cifra se hundió hasta los 6.566,9 millones, un 68% menos que en el segundo trimestre de 2018, justo cuando Pedro Sánchez tomaba el mando tras la moción de censura a Mariano Rajoy. Mientras el capital privado hace la maleta y se pira, el gasto público se ha disparado un 60% en el mismo periodo, y planean subirlo otro 40%.

Es la clásica receta del optimista: como no hay quien invierta en la empresa, quemamos los muebles para calentar la casa. Cierto, Estados Unidos y Reino Unido siguen encabezando la lista, y la tecnología ha sustituido al transporte como el sector estrella. Pero la realidad es que estamos operando con niveles de capital inferiores a los de la crisis de 2007 u 2008.

Nos hemos convertido en el destino donde el dinero llega por turismo o exportaciones, pero no para crear industria. Madrid y Cataluña siguen absorbiendo lo poco que queda, mientras el Gobierno intenta venderle la moto a China y Vietnam. Un ejercicio de marketing valiente, sí, pero que no tapa el agujero contable de una productividad que se ha quedado dormida en la parada del autobús.

Crítica:

El texto original es una sucesión de datos fría que evita analizar la causa política del éxodo. Presenta el desplome como un hecho numérico, omitiendo la correlación directa entre inseguridad jurídica y fuga de capitales.

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