Los contratos de alquiler se hunden a la mitad en La Coruña y Santiago tras declararse zonas tensionadas

Zonas tensionadas: menos alquileres y más drama

economia Una ilustración conceptual y satírica de una llave antigua y oxidada intentando abrir una puerta que ha sido sellada con cintas rojas de 'prohibido el paso'. Al fondo, un paisaje urbano borroso de una ciudad española con edificios de apartamentos, y un cartel que dice 'Zona Tensionada' colgando torcidamente, mientras el suelo debajo de la puerta se agrieta formando un gráfico de caída financiera.

En la política, como en la vida, hay quien confunde 'ayudar' con ponerle un candado a la puerta y esperar que la casa se limpie sola. El Gobierno de Pedro Sánchez decidió que la solución para el drama de la vivienda era declarar 'zonas tensionadas', una etiqueta que suena a zona de guerra pero que, en la práctica, ha funcionado como un repelente de insectos para los propietarios.

En La Coruña, el resultado es un golpe de realidad que duele: los contratos de alquiler se han hundido un 52 %, pasando de 730 a unos miserables 349 entre julio de 2025 y el mismo mes del año siguiente. Es como si, para bajar el precio del pan, el ayuntamiento prohibiera venderlo; al final, el pan sigue caro y tú te quedas con hambre. Santiago no se queda atrás en este festival del optimismo.

Apenas un mes después de entrar en vigor la medida en julio, el volumen de arrendamientos se desplomó un 55 %, cayendo de 441 a 199 contratos. Mientras Inés Rey y Goretti Sanmartín intentan vender el humo de la regulación, la consejera María Martínez Allegue ha soltado la bomba en el Parlamento: estamos ante un fracaso intervencionista.

Y no es un experimento local; en Barcelona, la caída acumulada es del 17 % tras dos años de jugar a los precios controlados. La sangría es estructural. Desde 2018, Galicia ha perdido 14.400 viviendas de alquiler de larga estancia, un 37 % menos según Idealista. En La Coruña, la oferta se ha evaporado, pasando de 18.426 anuncios en 2018 a 11.635 en 2025.

En Pontevedra, la historia es la misma: un descenso del 39 %, perdiendo 5.221 viviendas (de 13.397 a 8.176). Al final, la ingeniería financiera del Estado ha logrado lo impensable: que haya menos casas para más gente, mientras los políticos se felicitan por su 'valentía' regulatoria.

Crítica:

El texto es una radiografía brutal de la ley de oferta y demanda que los políticos ignoran. Solo falla en no explicar a dónde se han ido esos pisos: probablemente al alquiler turístico, el verdadero agujero negro del sector.

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