La caída de la recaudación de la cerveza revela que el bolsillo de los españoles está al límite

Ni una caña: el bolsillo español explota

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un vaso de cerveza vacío y sudado sobre una mesa de bar de madera gastada. Al lado del vaso, una cartera de cuero abierta y totalmente vacía. De fondo, una gráfica de barras ascendente hecha de monedas de oro que representa la recaudación del estado, contrastando con la soledad del vaso vacío. Estilo editorial, colores contrastados, iluminación dramática.

España es el país donde el ritual de la caña es sagrado, casi una religión. Pero cuando el hambre aprieta, hasta los santos dejan de beber. Los últimos datos de Hacienda son el termómetro perfecto de una realidad que el macroeconomismo prefiere ignorar: el español medio ha empezado a mirar la carta de bebidas con el mismo pavor con el que mira el extracto bancario a final de mes.

No es que hayamos decidido hacernos monks, es que el barril se ha vuelto un lujo. En agosto, el fisco recaudó solo 31 millones de euros gravando la cerveza, un desplome del 9,5% respecto al año anterior. Si miramos el acumulado de los siete primeros meses, la sangría continúa con 197 millones, un 2,6% menos.

En el conjunto del alcohol y sus derivados, la caída es del 7,7% en agosto (85 millones) y del 3,9% en el año (481 millones). José Ramón Riera, presidente del Instituto para la Economía Eficiente, lo ha dejado claro: la familia recorta donde puede porque llegar a fin de mes es ahora un deporte de riesgo.

Lo irónico es que el Estado nunca ha estado más gordo. Los ingresos tributarios han alcanzado la cifra récord de 230.277 millones de euros en siete meses, un salto del 9,7%. ¿El truco? El IRPF ha exprimido 109.995 millones (un 11,6% más) y el Impuesto de Sociedades ha engordado un 24,4% hasta los 19.154 millones.

Mientras que el IVA interno apenas respira con un crecimiento del 0,4%, el fisco se ha servido un banquete gracias a que no han ajustado los tramos del IRPF a la inflación. En resumen: el Estado recauda más que nunca, pero el ciudadano ya no puede permitirse ni la caña del viernes.

Crítica:

El texto original intenta disfrazar la asfixia del consumidor con cifras récord de recaudación. Es una danza hipócrita entre el 'crecimiento macro' y el hambre micro.

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