El pluriempleo se ha disparado un 30% y los 'contratos cerilla' un 140% en cinco años

Indefinidos de mentira: el engaño del empleo

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un contrato de trabajo gigante que parece un castillo de naipes a punto de caerse. En el suelo, cientos de pequeños trozos de papel que parecen cerillas encendidas. Estilo editorial de revista económica, colores fríos con contrastes en naranja fuego, atmósfera de fragilidad y burocracia.

Véndenos el éxito, pero que no se note el truco. Así es el marketing del mercado laboral español. Mientras desde los despachos se brinda con champán por la reforma laboral de 2022 de Yolanda Díaz, en la calle la realidad es un mal chiste. Nos dicen que el empleo crece, pero el paro es ese invitado pesado que se niega a irse de la fiesta, manteniéndose en un 9,9% que nos deja como el campeón europeo de la precariedad, con una tasa que duplica la media de Europa. Entremos en la cocina de los datos.

Randstad Research ha destapado el juego: el pluriempleo ha subido un 30% en cinco años. No hablamos de académicos con pasión, sino de gente que tiene que hacer malabares con tres trabajos para que la cuenta corriente no se quede en números rojos. Son 151.000 personas más que en 2021 que han descubierto que un solo sueldo es hoy un artículo de lujo. Pero lo más delirante son los 'contratos cerilla'.

Es una ingeniería financiera del absurdo: firmar más de un contrato indefinido en un mismo mes. Esta práctica se ha disparado un 140% en cinco años. Pasamos de 2.000 casos mensuales a 30.000. Es el truco del mago: te llaman 'indefinido' para que la estadística brille, pero te despiden antes de que el café se enfríe.

Valentín Bote lo deja claro: el 60% de los indefinidos post-2022 no llegan ni al primer aniversario. Es el contrato 'indefinido' usado para cubrir una boda un sábado; una pantomima para esquivar a la Inspección de Trabajo sin pagar indemnizaciones. Con más de 10 millones de fijos discontinuos firmados, el Gobierno ha logrado lo que cualquier publicista envidiaría: cambiar el nombre del problema sin solucionar la enfermedad.

Hemos sustituido la temporalidad por una etiqueta bonita, mientras la microempresa agoniza y el paro efectivo sigue ahí, riéndose en nuestra cara.

Crítica:

El texto original es una mina de oro de hipocresía estadística que el autor expone bien, aunque se queda corto al no cuestionar quién se beneficia realmente de este 'maquillaje' contable.

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