Gasolina en España: el sablazo europeo
Llenar el depósito en España se ha convertido en un deporte de riesgo financiero. Mientras que en el resto de la Unión Europea el precio de la gasolina ha subido un 9,5% (de 1,756 a 1,923 euros), en nuestro patio trasero la cifra ha saltado un 18,6%, pasando de 1,437 a 1,705 euros por litro. Básicamente, nos han aplicado la tarifa de 'turista en su propia gasolinera'. El Gobierno, en un alarde de generosidad inversa, decidió retirar la bonificación de 20 céntimos por litro, dejándonos el camino libre hacia el abismo.
El diésel no se queda atrás en esta carrera hacia el ridículo. Mientras la media europea subía un 18,5% (de 1,715 a 2,033 euros), en España el incremento fue del 21,6%, escalando de 1,503 a 1,828 euros. Para que nos entendamos: mientras Francia se limitaba a un modesto 4,2% de subida en gasolina y Portugal hacía lo mismo, nosotros hemos decidido liderar el ranking del encarecimiento con una eficiencia envidiable. Italia se mantuvo en un 9,8% y Alemania, aunque sufrió un sablazo en el diésel del 28,5%, no logra opacar nuestra capacidad de hacernos daño.
Lo más fascinante ocurre cuando miramos debajo del capó del precio final. Al 17 de agosto, la gasolina sin impuestos costaba 1,036 euros y el diésel 1,232 euros. Traducido al lenguaje de la calle: casi el 40% de lo que pagas al repostar no es combustible, sino un 'donativo obligatorio' al Estado. Exactamente, el 39,2% de la gasolina y el 32,6% del diésel son impuestos. Es como comprar un menú combinado donde la mitad del precio es el alquiler de la silla, pero te lo venden como si fuera el filete.
Adolfo Sáez