Con la noche aún envolviendo el horizonte de Tel Aviv, Amichai Chikli, ministro del partido Likud y responsable de los Asuntos de la Diáspora, lanzó una declaración que resonó como un trueno en los corredores de la diplomacia. En una reunión virtual con periodistas internacionales organizada por la EIPA, el jueves 12 de marzo 2024, Chikli acusó al presidente español Pedro Sánchez de alinearse con el régimen de Nicolás Maduro y con los ayatolas antes de que se enfrentara a Hamas o Hezbolá.
Su lenguaje, cargado de fuertes metáforas, describió a Sánchez como “un enemigo del estado de Israel y de la civilización occidental”, y lo calificó de “comunista corrupto, un criminal que caerá como Maduro y los ayatolas”. El tono incendiario se mezcló con un reconocimiento de que, según él, “Israel tiene muy buenos amigos” en España, citando a Vox y al PP, pero que “no esperamos nada de Sánchez, es un lunático que ha llegado al poder, una broma”.
Aun así, Chikli intentó disociar su crítica personal del país entero, afirmando: “Creemos en la gente en España, en el pueblo, no los vemos alineados con la agenda de Sánchez y de ese partido de extrema izquierda… Podemos!”. Con la mirada puesta en el futuro, el ministro añadió que la relación entre España e Israel “no podrá ser peor que con Sánchez y, en el futuro cercano, será mucho mejor”.
La polémica no terminó allí. Chikli denunció a cualquier nación que reconozca un Estado palestino inexistente, calificándolas de “dar un gran premio a Hamás” y de “mostrar la peor correlación entre gobiernos progresistas débiles y el antisemitismo”. En contraste, elogió a Polonia, Hungría y la República Checa por sus “políticas de inmigración y seguridad”, señalando que “no estoy en contra de la inmigración, pero la inmigración islamista descontrolada es inaceptable”.
Citas de Holanda, Gran Bretaña y Bélgica salpican su discurso, con acusaciones de que la última ha perdido el rumbo y de que los judíos deben abandonar el país. Chikli sostuvo que la relación entre migración y antisemitismo no es mera opinión, sino “un dato objetivo”, citando el ataque de Sydney en el mes de diciembre como ejemplo de terroristas inmigrantes.
Finalmente, el ministro abordó la guerra en Irán, señalando que Israel continúa con sus planes militares para eliminar los misiles de los ayatolas y que el régimen debe acabarse no solo por la seguridad de Israel, sino también por la libertad del pueblo iraní. La visión de Chikli pinta un escenario donde la política internacional se ve teñida de una moralidad que equilibra la lealtad y la seguridad.
Crítica:
El tono se inclina hacia la propaganda, desatendiendo la complejidad del conflicto; la pieza parece más propaganda que análisis.
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