En un giro radical, el censo en España ha dejado de ser una radiografía física del país para convertirse en una construcción estadística permanente. Lo que comenzó con José Luis Rodríguez Zapatero en 2011, cuando se introdujeron registros administrativos y se redujo la muestra a un 12% de la población, ha culminado con Pedro Sánchez en 2021, eliminando completamente las encuestas a hogares y basando el censo exclusivamente en registros administrativos.
El año 2023 marcó un punto de no retorno con la sustitución del sistema de Cifras de Población por censos anuales y estadísticas de población, basados en registros administrativos, cruces de datos, ajustes estadísticos e imputaciones. Esta transformación ha cambiado la forma en que se cuenta y se calcula la población en España, pasando de una verificación directa en los hogares a una estimación estadística.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) justifica este cambio como un avance en eficiencia y precisión, pero críticos advierten sobre el riesgo de inflar el censo con personas ficticias y la posibilidad de aplicaciones como miDNI o miDGT darles apariencia de identidad real sin verificación efectiva.
Con este nuevo sistema, el control ya no descansa en hechos verificables, sino en un sistema puramente estadístico, lo que plantea inquietantes preguntas sobre la seguridad y la precisión del censo en España. El impacto de este cambio es profundo, ya que afecta no solo la forma en que se entiende la demografía del país, sino también la toma de decisiones políticas y económicas que dependen de estos datos.
La línea entre la verdad contrastada y la estimación estadística se ha vuelto cada vez más difusa, lo que puede tener consecuencias significativas para el futuro de España. En este contexto, es esencial evaluar críticamente los beneficios y los riesgos de este nuevo enfoque y considerar las implicaciones éticas y sociales de una construcción estadística permanente de la población.
Crítica:
El artículo plantea una crítica válida sobre la falta de transparencia y verificación en el nuevo sistema de censo, pero no profundiza lo suficiente en las posibles consecuencias políticas y económicas de este cambio. Además, el título es un poco sensacionalista y podría ser más preciso.
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