Sánchez televisará las exhumaciones del Valle de los Caídos en RTVE

Sanchez, cripta en pantalla, ¡olé!

politica Un corredor oscuro y polvoriento de una cripta, con una luz tenue que resalta una pila de cajas etiquetadas como "Restos". A un lado, una cámara de televisión con micrófonos, todo en tonos apagados, sin rostros ni texto.

Sanchez, la cripta al aire libre, y la cadena pública se convierte en el nuevo canal de entretenimiento histórico. Cuando el gobierno decide que la exhumación del Valle de los Caídos merece una pantalla de 100 metros, la gente se pregunta si va a ser un documental o un espectáculo de luces.

El Ejecutivo y RTVE firmaron un convenio que, en palabras de la prensa, garantizará la “difusión audiovisual completa” del proceso de exhumación. En la práctica, eso significa que la cadena pública tendrá la llave de la cripta, pero sin poder cobrarle a quienes quieran recuperar sus restos. El coste es de 345,000 euros, una cifra que se desliza entre la lista de la compra del Estado sin que ningún familiar haya pedido ni un centavo.

De los 33,833 restos que se esconden en 11,060 cajas, solo 190 peticiones de recuperación han llegado a la oficina del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. Eso equivale a una compra de 1% de la demanda, y el resto de la gente queda con la ilusión de que la memoria se está restaurando. Ángel Víctor Torres, con su comité científico asesor, promete aportar “informe histórico, técnico y científico”.

Pero la realidad es que el gobierno, con la mirada puesta en el exhumar de Franco en 2019, parece más interesado en mostrar un espectáculo que en atender las voces de los familiares. Ernest Urtasun, con la firma de la resolución para ilegalizar la Fundación Franco, añade una capa extra de ironía: mientras financian la memoria de los héroes de la izquierda, el Estado se prepara para un drama de la cripta. La política de memoria que se promociona como “el plan más complejo” se contrapone a la cifra de cuerpos identificados: 70 desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa.

Cuando el Ejecutivo dice que la exhumación es el mayor esfuerzo institucional, el público se pregunta si se trata de un acto de memoria o de un truco de marketing estatal. Mientras la cadena televisa la cripta, el público se queda con la pregunta: ¿Quién paga el teatro de la historia? ¿El Estado o la audiencia? La respuesta, al parecer, está en el aire y en la pantalla, con la promesa de una narrativa que mezcla la memoria con la mercadotecnia, y la realidad de que solo una fracción de las familias obtienen algo concreto de ese proceso.

Crítica:

El convenio parece un contrato de publicidad disfrazado de memoria, mientras el coste se esconde entre la burocracia. El título promete drama histórico, pero la realidad es una caja de fósiles y cifras que se esconden tras la pantalla.

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