El Gobierno ya nacionaliza y da derecho a voto a tataranietos de españoles que emigraron en 1905

Voto a la carta: ¡Hasta el bisabuelo vale!

politica Una escalera caracol ascendente, hecha de documentos antiguos y amarillentos, con un pasaporte español en la cima. La luz ilumina la escalera desde abajo, creando sombras dramáticas. Estilo pictórico, reminiscente de un cuadro barroco.

El Gobierno ha encontrado una forma curiosa de inflar el censo electoral. No con los 'nietos' del exilio, que ya de por sí eran un estiramiento de la ley, sino con los tataranietos de aquellos que, en 1905, se fueron a Cuba a buscarse la vida. Sí, han leído bien. 1905. Antes de la Guerra Civil, antes de Franco, incluso antes de que se inventaran los teléfonos móviles.

La Ley de Memoria Democrática, esa que supuestamente busca reparar a las víctimas del franquismo, se ha convertido en un agujero negro legal donde cabe cualquier historia, por inverosímil que sea. Testimonios como el de Mayra Erena Vázquez Ortiz, bisnieta de unos emigrantes gallegos que cruzaron el Atlántico en busca de “mejores oportunidades” cuando todavía no había ni radio, ahora dan derecho a votar en España.

¿Acaso sus abuelos fueron perseguidos políticos? No, simplemente buscaron una vida mejor, como muchos otros. Pero hey, ¡voto! El libro 'III Premio Memoria de la Emigración Española', editado a costa de los contribuyentes, es una colección de relatos que justifican esta ampliación del electorado.

Historias de amor, de desarraigo, de búsqueda de fortuna… y de nacionalidades concedidas con documentación que se remonta a 1898. Luis Eduardo Torres Jiménez, otro beneficiario de esta generosidad, tuvo que excavar hasta encontrar el certificado de matrimonio de sus tatarabuelos en Santa Eulalia del Río (Ibiza) para acreditar su ascendencia española.

Un trabajo de arqueología documental que, curiosamente, ha resultado en un voto más para el Gobierno de Pedro Sánchez. ¿Coincidencia? En resumen, mientras el ciudadano de a pie hace malabarismos para llegar a fin de mes, el Gobierno está regalando nacionalidades y votos a personas que no tienen más conexión con España que un certificado de nacimiento de hace más de un siglo.

La memoria democrática, al parecer, es una excusa perfecta para hacer ingeniería electoral.

Crítica:

La noticia es, cuanto menos, cuestionable. La redacción original de OK Diario es claramente partidista, pero la extensión desmesurada de la Ley de Memoria Democrática es un hecho. El titular, aunque sensacionalista, acierta al captar la esencia de la problemática.

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