Crítica:
La resolución judicial parece más un ejercicio de tapadera que una búsqueda de la verdad. El auto judicial, con su lenguaje técnico, intenta justificar lo injustificable: la impunidad de los poderosos.
La resolución judicial parece más un ejercicio de tapadera que una búsqueda de la verdad. El auto judicial, con su lenguaje técnico, intenta justificar lo injustificable: la impunidad de los poderosos.
El caso Plus Ultra, ese rescate de 53 millones de euros que parece sacado de un chiste malo, ha vuelto a escandalizar. Y esta vez, el expresidente Zapatero está en el punto de mira. No por una crisis de esnobismo con corbatas floreadas, sino por joyas valoradas en 1.323.915 euros cuyo origen es, digamos, turbio. Unos adornos que no vienen con la factura del El Corte Inglés, vamos. La cosa se ha puesto seria: delitos fiscales, contrabando… el menú completo. El revés, según fuentes policiales que prefieren no dar su nombre (porque en esto de remover mierda, siempre hay riesgo de salpicaduras), es que el nuevo DAO, José Santafé, parece no ser tan maleable como su predecesor, José Ángel González, quien tuvo que dimitir por un presunto caso de agresión sexual. El gobierno, al parecer, creía tener a Santafé atado con alambre de piano, pero el hombre ha decidido abrir el grifo de la investigación. ¿Será que a Santafé le ha dado por ser un Indiana Jones de la justicia? La UDEF, esa unidad que se dedica a perseguir a los que se apropian más de lo debido, parece dispuesta a reivindicarse después de años de ser “defenestrada”, como dicen los expertos. Francisco Pardo Piqueras, director general de la Policía y hombre de confianza del exministro José Bono, observa desde arriba, con un control férreo. La partida de ajedrez está servida. Mientras tanto, el caso ha saltado del juzgado de Madrid a la Audiencia Nacional, indicando que esto va más allá de una simple disputa vecinal. El currículum de Santafé es impecable: ingresó en la Policía en 1990, ascendió poco a poco, diplomado en Magisterio y un sinfín de cursos de formación. Pero lo que importa ahora no es su expediente académico, sino si tiene el valor de enfrentarse a los poderosos y desentrañar este embrollo.
El expresidente Zapatero, un tipo que solía hablar de “tener poco y dar mucho”, ahora tiene que explicar a un juez de dónde salió lo “mucho”. Entró a la Audiencia Nacional como si fuera VIP, por una puerta reservada para jueces, mientras el exministro Ábalos, presumiblemente con menos contactos, hacía la cola como un ciudadano más. La cosa huele a chamusquina, a privilegio y a “ingeniería financiera” de la que pocos se libran. Los gritos de “¡sinvergüenza!” y “¡chorizo!” al bajar del coche, un clásico, le recibieron como una factura de la luz en pleno invierno. Zapatero, imputado por blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal, se enfrenta a preguntas sobre el caso Plus Ultra y, aunque no declarará sobre las joyas encontradas en su despacho (otro detalle curioso), ya está en el punto de mira por tráfico de influencias, falsedad documental y, para rematar, posibles delitos contra la Hacienda Pública. El hombre que prometió cambiar España, ahora es el primer expresidente en pisar la Audiencia Nacional como imputado. Un giro de guion digno de Netflix. La entrada reservada, a 100 metros de la principal, no evitó los improperios. ¿Privilegio o simple cortesía? La pregunta está en el aire, igual que el olor a corrupción que impregna los pasillos de la justicia. La declaración ante el juez Calama promete ser un espectáculo, aunque Zapatero se acoja a su derecho a no declarar sobre el tema de las joyas. En resumen, un día de emociones fuertes para el establishment y una confirmación más de que, en este país, todos somos iguales… pero algunos más iguales que otros.
El Gobierno, en una de esas reuniones semanales donde decide gastar nuestro dinero sin que nadie le pida cuentas, ha soltado 32 millones de euros para los sindicatos. ¿Paz social? No, amigos, es comprar el silencio. Mientras tú aprietas el cinturón para llegar a fin de mes, Unai Sordo y Pepe Álvarez se dan un festín con fondos públicos. Y no son solo esos 32 millones, ojo. El Ministerio de Trabajo reparte dinero como si fuera confeti: 11.760 francos suizos (¿para qué?), casi 70.000 euros, 14.000 dólares… una orgía de divisas que te dejaría a ti sin un duro para el café. Pero la fiesta no para ahí. La 30 Cumbre Iberoamericana nos saldrá por 29.020.236 euros. Sí, has leído bien. Y RTVE, que está más agujereada que un queso gruyer, recibe una compensación por impuestos no deducibles, cortesía del contribuyente. ¡Claro! Porque la televisión pública es un lujo que todos podemos permitirnos. Luego se sorprenden de que la gente se compre una Smart TV y se olvide de sus programas. En Defensa, la cosa va en serio: 3.521 millones de euros para armamento y 118.600.000 euros para mantener los aviones del Gobierno. Aparentemente, llevar al presidente a conciertos es una cuestión de seguridad nacional. Y para rematar, 1.400 millones de euros para Industria, más deuda para Cataluña (3.186 millones) y para Baleares (450 millones) y un regalo de 20, 19.9 y 18 millones a productoras de cine. Un derroche que haría palidecer al maharajá más despilfarrador. ¿Control? ¿Transparencia? Palabras vacías en este circo.
Badalona hierve. No por el sol, sino por la indignación del alcalde Xavier García Albiol, quien, tras el 'tirón' a una vecina de 81 años –un clásico, vamos, como el gazpacho en verano– ha soltado un tuit que levanta ampollas. Un hombre, identificado como de origen marroquí, perpetró el atraco, y la respuesta del edil fue tan contundente como predecible: devolverlo 'a nado' a Marruecos. Imaginen la escena: un 'plan renueva tu país' con chaleco salvavidas. La cosa no acaba ahí. Albiol, con la velocidad de un tuit bien lanzado, aprovechó para criticar al gobierno actual, acusándolo de ser cómplice de la reincidencia. Según el alcalde, gracias a las políticas imperantes, el individuo volverá a la calle más rápido que un caracol con turbo. Y mientras tanto, la señora de 81 años, que seguramente se preguntaba si el precio de la cesta de la compra no era suficiente drama, se enfrenta a la angustia del incidente. El detalle del escolta de Albiol, que persiguió al ladrón 'a pie de varios minutos' (¡vaya maratón!), añade un toque de surrealismo. ¿Será que la seguridad del alcalde es más prioritaria que la de una anciana? La pregunta queda en el aire, como el olor a rancio de una promesa incumplida. Y, claro, la foto adjunta al tuit. Una imagen vale más que mil palabras, pero en este caso, parece que solo sirve para inflar el ego del alcalde y avivar la polémica. Todo esto, mientras el presupuesto de seguridad de Badalona, en 2025, ascendió a 6.7 millones de euros, una cifra que, vista así, parece evaporarse ante un simple 'tirón'.
El expresidente Zapatero, con la parsimonia de quien busca el enchufe más cercano, ha solicitado una prórroga de entre una semana y diez días para explicar el origen de un pequeño 'detalle' encontrado en su despacho: un arsenal de joyas tasado inicialmente en 30.000-50.000 euros, pero que, tras la lupa de un tasador judicial, ha escalado hasta la friolera de 1,3 millones. Un 'descuento' considerable, vamos. Mientras el ciudadano de a pie calcula si le llega para la cesta de la compra, el exlíder socialista se defiende alegando que no ha participado en 'ninguna actividad delictiva', una frase que, dicho sea de paso, suena a mantra repetido por políticos en apuros. La Audiencia Nacional, a cargo del juez José Luis Calama, investiga si estas 'brillantinas' son parte de un esquema de comisiones ilegales relacionadas con la aerolínea Plus Ultra, donde, casualmente, Zapatero conoció a su presidente, Julio Martínez Sola, en 2024. Sus hijas, Laura y Alba Rodríguez Espinosa, también están en el punto de mira, ya que su empresa, What The Fav, recibió pagos de Plus Ultra que podrían ser, según las sospechas, una tapadera para 'mordidas'. El expresidente asegura que sus hijas simplemente 'maquetaban informes', un trabajo, sin duda, muy bien remunerado. Zapatero, en una muestra de habilidad política, ha declinado responder a las preguntas del Ministerio Fiscal y la acusación popular, prefiriendo refugiarse en el silencio y prometer explicaciones 'en su debido tiempo'. La salida, por una puerta trasera, para evitar a la prensa, es la guinda de una comparecencia que huele a 'toma de pelo'.
El Gobierno, con la previsión de un astrónomo y la agilidad de una tortuga, ha decidido que la mejor forma de proteger a las mujeres durante el 'Trío de Eclipses' (2026-2028) es instalar puntos violeta. Sí, esos mismos puntos violeta que en 2024 fueron el centro de un 'agujero contable' de contratos adjudicados a la exdirectora del Instituto de la Mujer, Isabel García, y su pareja, por un total de al menos 64 operaciones. Un pequeño detalle que, obviamente, no aparece en el documento oficial 'Recomendaciones para la observación segura del eclipse'. ¿El motivo? Prevenir “posibles situaciones de acoso o violencia sexual en contextos de alta concurrencia”. Traducido: mientras miles mirarán al cielo, el Gobierno teme que haya quien mire a las mujeres de forma…indebida. Una preocupación comprensible, sí, pero que choca con la falta de control real sobre estos puntos. Según admitieron en el Portal de Transparencia, no tienen ni idea de cuántos hay ni cuánto cuestan. Es como pedirle a un gato que vigile la leche. El 'Trío de Eclipses' –dos totales y uno anular– promete ser un evento histórico, el primero de este tipo en España en más de un siglo. Se espera una afluencia masiva de gente, nacional e internacional. Y para esa masificación, el Gobierno propone…más puntos violeta. Un parche sobre una herida abierta, un gesto simbólico que suena a 'ya hemos hecho algo' mientras el dinero público se evapora en contratos dudosos. Mientras tanto, la Oficina Nacional contra las Violencias Sexuales (Onvios) aconseja lo de siempre: estar atento, proteger las consumiciones (¿para evitar la 'sumisión química'?) y respetar los límites. En resumen, un eclipse de medidas y una sombra de sospecha.
Leire Díez, la fontanera que ha convertido la plomería política en un arte, suelta la bomba: sabe más de lo que figura en las agendas del PSOE. Y no precisamente de tuberías. Mientras la ciudadanía se aprieta el cinturón, esta fontanera facturó al partido 45.000 euros en dos años y medio, unos míseros 1.700 euros brutos al mes, según ella. ¡Vaya sueldazo! La UCO, esa unidad que desentierra verdades incómodas, certifica que sus viajes a “reuniones de la cloaca” los pagaba Ferraz. Díez, imputada por maniobras contra fiscales, jueces y agentes, se defiende con una frase que destila ironía: “Absolutamente claro que nada es delito”. Afirma que la están usando como “llave inglesa” para llegar a Pedro Sánchez, pero niega haber estado con él, una y otra vez. Mientras tanto, Santos Cerdán, otro en el ojo del huracán, se enfrenta a acusaciones de comisiones ilegales. Según Díez, cinco millones de euros no caben en un ladrillo, una metáfora que habla de dinero oculto y corrupción. Ella prefiere volver a sus cabras en Vega de Pas, pero antes deja claro que conoce “una guerra mucho más profunda” de lo que parece. El PSOE tiembla, ¿la denunciará? No se atreven, porque lo que ella calla vale más que lo que dicen. Y esa, señores, es la clave.
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