La confesión de Zapatero a Bono sobre el lujo del rey saudí: «Nos correrían a gorrazos»

Zapatero y el lujo saudí: gorrazos asegurados

politica Una ilustración satírica al estilo de caricatura editorial de prensa. Se ve un avión Jumbo aterrizando y descargando una cantidad absurda de muebles dorados y opulentos en camiones de mudanza frente a un palacio clásico europeo. En primer plano, un hombre con traje diplomático cubre sus ojos con la mano mientras una sombra de un ciudadano común observa con incredulidad desde lejos. Colores contrastados, estilo acuarela y tinta.

Hay una diferencia abismal entre la España que cuenta los céntimos en la caja del supermercado y la España que mueve muebles en aviones Jumbo. José Bono, en su libro 'Se levanta la sesión. ¿Quién manda de verdad?', nos regala una postal del surrealismo diplomático de 2008.

Imaginen la escena: el rey saudí Abdalá bin Abdulaziz llega a Madrid y, para que el monarca no pase penurias durante solo tres noches, hace falta una flota de 14 camiones de mudanza y tres aviones Jumbo cargados de enseres. Mientras el ciudadano medio se lo piensa dos veces para comprar una cafetera nueva, el Estado español gestionaba un despliegue logístico que parecía la mudanza de un estadio de fútbol entero hacia el Palacio de El Pardo. Lo más jugoso no es el despliegue, sino la autoconciencia del pecado.

José Luis Rodríguez Zapatero, según relata Bono, soltó una perla lapidaria: «Si los españoles supieran que aceptamos estas condiciones del viaje, nos correrían a gorrazos». Una honestidad brutal, o quizás un miedo genuino a que el pueblo descubriera que el 'estándar de lujo' de la casta no conoce límites.

Para rematar el cuadro, tenemos la figura del «príncipe comisiones», así llamaba el rey Juan Carlos, con esa ironía de quien conoce los entresijos del dinero, al acompañante del monarca saudí. La historia, que parecía una anécdota de salón, cobra un sentido eléctrico hoy.

Con la justicia husmeando en el despacho de Zapatero y encontrando joyas valoradas preliminarmente en 1,3 millones de euros —que algunos susurran que vienen de aquellas tierras petroleras—, la frase de los 'gorrazos' deja de ser una broma interna para convertirse en una profecía.

El lujo no era solo el camión de mudanzas; el lujo era creer que el silencio duraría para siempre.

Crítica:

La noticia se apoya peligrosamente en las memorias de un tercero, convirtiendo el chisme político en hecho histórico. El vínculo con las joyas de 1,3 millones es una insinuación brillante, pero carece de prueba judicial directa en el texto.

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