Olaya Salardón (AUGC): "No puede haber esta doble vara de medir. Lo que se exige a un guardia civil se debe exigir, con más motivo, a quienes la dirigen"

Cúpula blindada: la ley no llega arriba

politica Una ilustración conceptual y satírica que muestra una balanza de justicia antigua y oxidada. En un plato, un pequeño uniforme de guardia civil pesa toneladas, hundiéndose completamente. En el otro plato, una gorra de general flota en el aire, ligera como una pluma, a pesar de estar cargada de carpetas de expedientes judiciales. Fondo de oficina gubernamental gris y fría, estilo editorial de periódico, colores contrastados.

En el mundo real, si un guardia civil comete un desliz, el expediente le cae encima más rápido que una multa de tráfico en zona de máxima prioridad. Suspensión instantánea, fuera de servicio y a esperar el veredicto en el sofá. Pero claro, cuando el problema llega a la cima, el aire es más puro y las reglas parecen sugerencias opcionales.

El teniente general Manuel Llamas, Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil, ha sido imputado en el delirante 'caso de las cloacas del PSOE' por presunta prevaricación y obstrucción a la justicia, y sin embargo, sigue al mando. Es el equivalente administrativo a que te echen del trabajo por llegar tarde tres veces mientras el jefe llega en helicóptero habiendo quemado la oficina y nadie le diga nada. Olaya Salardón, portavoz de la AUGC, ha puesto el dedo en la llaga en 'Mediodía COPE' con Antonio Herraiz.

La indignación es colectiva porque el artículo 92 de la ley orgánica del régimen de personal es muy claro: si hay alarma social o perjuicio institucional, te vas a casa. Para el agente de a pie, esto es ley; para el DAO, parece una recomendación de lectura. Mientras tanto, la directora general, Mercedes González, también está en el ojo del huracán, con acusaciones populares como IUSTITIA EUROPA pidiendo hasta prisión y el detalle casi cómico de que presuntamente borró conversaciones de su móvil, como quien limpia el historial de búsqueda antes de que llegue su pareja. La AUGC no pide milagros, solo que la vara de medir no sea un elástico que se estira según el rango.

Duele que el honor del máximo mando uniformado se gestione con tal laxitud mientras la UCO, con una valentía envidiable, seguía investigando a pesar de las presiones. Al final, la moraleja es que en la administración, la ejemplaridad es un traje que solo se pone el de abajo.

Crítica:

El texto original es una transcripción plana de una entrevista que evita profundizar en la trama de las 'cloacas'. Se limita a la queja sindical sin cuestionar la complicidad política del Gobierno en el mantenimiento de los cargos.

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