El Gobierno colocó en Tragsa a una concejala del PSOE investigada por amañar votos

Votos en la mesilla y sueldo en Tragsa

politica Una ilustración satírica de estilo editorial. Un escritorio de oficina gubernamental lujoso donde, sobre una pila de formularios oficiales de votación, descansa una mesilla de noche con una lámpara encendida. De la mesilla salen sobres de correo que se transforman en billetes de banco. Al fondo, un logotipo abstracto que sugiera una empresa pública y un sello de 'Aprobado' gigante. Colores contrastados, sombras marcadas, estilo caricatura política sofisticada.

En el manual de supervivencia del funcionario moderno, hay una regla de oro: si el barco se hunde, que sea en una empresa pública. Así opera la ingeniería del nepotismo actual. Mientras el ciudadano medio se pelea con la administración para que no le cobren el IBI dos veces, el Gobierno ha convertido a Tragsa en una suerte de refugio climatizado para los suyos.

El caso estrella es el de Rocío López Cid, concejala y teniente de alcalde en Albaida del Aljarafe, que ha pasado de gestionar el voto por correo con métodos de película de espías de bajo presupuesto a gestionar subvenciones del 0,7% del IRPF. La trama es tan delirante que parece un chiste de mal gusto.

López Cid no se limitó a 'ayudar' en la campaña; según el Juzgado de Instrucción número 3 de Sanlúcar la Mayor, la mujer prefería que los votos aterrizaran en su mesilla de noche antes que en las urnas. Hablamos de al menos 32 votos por correo sospechosos, donde la caligrafía de la edil coincide sospechosamente con la de los formularios.

El nivel de descaro alcanzó su cenit cuando una solicitud de voto de un tal F.M.P. llegó directamente a su domicilio particular. Pero aquí viene la joya de la corona: lejos de darle un correctivo, el PSOE la ascendió a la Secretaría de Infancia en la dirección provincial de María Jesús Montero y, como premio al esfuerzo, la colocaron como asistente técnica en Tragsa, empresa dependiente del Ministerio de Agricultura y la SEPI.

Es el ciclo perfecto: fraude electoral, ascenso político y un sueldo público para justificar que otros reciban ayudas. Solo cuando la Fiscalía pidió su imputación formal en febrero, la señora decidió que el aire en Tragsa ya no era tan puro y abandonó el puesto dos meses después.

Un patrón de 'regeneración' que, según la Policía Judicial, se repite con precisión matemática desde Sevilla hasta Melilla, pasando por Tenerife y Murcia.

Crítica:

El texto original es sólido en datos, pero le falta el veneno necesario para subrayar que el 'error' no es de una concejal, sino de un sistema de recompensas. La noticia se queda corta al no cuestionar quién firmó el contrato en Tragsa.

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