Crítica:
La noticia es un ejercicio de comunicación institucional gibraltareña sin contrastes. Falta la voz del conductor afectado para saber si hubo engaño o simple ignorancia.
La noticia es un ejercicio de comunicación institucional gibraltareña sin contrastes. Falta la voz del conductor afectado para saber si hubo engaño o simple ignorancia.
Hay un arte casi místico en negar lo evidente mientras el papel dice lo contrario. José Luis Rodríguez Zapatero se paseó este jueves por el plató de 'Mañaneros 360' en TVE, con Javier Ruiz al mando, ejecutando un baile de negaciones sistemáticas que harían palidecer a cualquier actor de método. El ex presidente se blindó tras la presunción de inocencia para borrar los rastros de un rescate de 53 millones de euros de la SEPI para la aerolínea Plus Ultra. Unas cifras que, para el ciudadano que mira la cuenta corriente con pánico, son una fortuna, pero que en los despachos de la alta escaqueo parecen calderilla.
En el teatro del Parlament, el guion de siempre: políticos peleando por trozos de gloria ajena mientras los protagonistas ni se han molestado en comprar el billete. Salvador Illa ha soltado la bomba con una naturalidad pasmosa: invitó a los nueve futbolistas catalanes campeones del mundo al Palau de la Generalitat y, básicamente, le han dejado en visto. 'No han querido venir', sentenció Illa, transformando un acto institucional en el equivalente político a que te rechacen la invitación a una cena de Navidad. Mientras tanto, Alejandro Fernández del PP intentaba montar un escenario de contradicciones, acusando a Illa de jugar al despiste con la oficina de promoción de selecciones deportivas catalanas. El contraste es delicioso: el PP pide alfombra roja en la Cámara y el presidente se escuda en que la invitación ya estaba sobre la mesa, pero que los cracks prefirieron pasar de todo. La fiesta se puso más surrealista cuando Dani Cornellà, de la CUP, decidió que celebrar un Mundial es una táctica de infiltración para 'hacernos españoles', recordándonos que una copa de oro no arregla los trenes ni la desinversión crónica. Es la lógica del barrio: ¿para qué queremos campeones si el Rodalies sigue fallando? Por otro lado, Illa aprovechó para lanzar un dardo contra Ignacio Garriga y Sílvia Orriols, recordándoles que la selección está llena de hijos de inmigrantes. Según el presidente, los jugadores desmontaron el discurso de odio de Aliança Catalana 'jugada a jugada', convirtiendo el césped en el único lugar donde el multiculturalismo no genera una sesión de control en el Parlament.
En el tablero político español, donde el respeto suele durar lo que tarda en enfriarse un café, Diana Morant ha decidido subir la apuesta al máximo. No ha ido a lo seguro; ha lanzado un misil nuclear retórico en TVE, asegurando que Alberto Núñez Feijóo está diseñando una coalición que recuerda a los 'gobiernos criminales como el de Hitler'. Así, sin anestesia. Comparar la agenda del líder del PP con el Tercer Reich es como intentar apagar un cigarrillo con una manguera de bomberos: el resultado es un caos absoluto y nadie sale seco. La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades ha usado la figura de Lamine Yamal, el joya de la selección, para dibujar una línea en la arena. Según Morant, el racismo que sufre el chico es el síntoma de una España que vuelve a sus peores hábitos, y ha lanzado el guante al PP para que condene esos insultos. El problema es que, en lugar de discutir sobre la integración o el odio en redes sociales, nos han dejado el 'regalito' de la comparación con el nazismo. Es la vieja táctica de elevar la apuesta: si no condenas el insulto a un niño, es que eres el sucesor de un dictador. Lógicamente, en el Partido Popular no han recibido la noticia con una sonrisa. Ester Muñoz y Borja Sémper han reaccionado con la rapidez de quien ve que le han cobrado de más en la factura de la luz. Exigen rectificación y perdón, calificando la salida de Morant como la 'evidencia de una descomposición'. Para el PP, esto no es debate político, es un síntoma de desesperación para desviar la atención. Mientras tanto, el ciudadano medio se queda mirando el espectáculo, preguntándose en qué momento la política pasó de gestionar el presupuesto a jugar a los 'quién es más malvado' con manuales de historia básica.
Hay quien dice que la justicia es ciega, pero en la Audiencia Nacional la jueza María Tardón ha abierto los ojos y lo que ve no le gusta nada. Resulta que el despacho Ilocad SL, propiedad del eterno Baltasar Garzón, se ha dedicado a jugar al 'corrector líquido' con documentos de PDVSA. La magistrada ha pedido hasta tres veces los originales, porque los papeles presentados parecen editados por un becario con prisa: raspaduras, tachones y firmas que aparecen y desaparecen como trucos de magia barata. La jugada es tan cínica que huele a despacho de Caracas. Todo empezó en 2017, cuando Delcy Rodríguez, la mano derecha de Maduro, decidió que la mejor defensa era un buen ataque. Para evitar que exdirectivos venezolanos refugiados en Madrid empezaran a cantar en los juzgados españoles sobre el saqueo de la petrolera, la estrategia fue simple: querellarse contra ellos primero. Así, los potenciales delatores pasaron de ser testigos a investigados, un giro de guion digno de un thriller de baja calidad. El agujero contable que intentaban justificar era de 17.323.454,49 dólares. Según el sistema SAP de la filial Bariven, para esa cifra bastaba la firma de César Rincón (con límite hasta los 18,9 millones). Pero en el expediente de Garzón, alguien decidió borrar burdamente esos límites y añadir la firma de Javier Alvarado. El detalle que dinamita la mentira es de escuela primaria: mientras las firmas reales están en azul, la de Alvarado fue incrustada con un bolígrafo negro. Un 'sablazo' documental tan obvio que ahora Ilocad SL intenta lavarse las manos diciendo que la culpa es de Robert C. Aldir y los auditores de Berkowitz Pollack Brant Advisors. Básicamente, que ellos solo entregaron el paquete, pero que el contenido venía manipulado de Miami.
En este país, pedir un papel oficial es como intentar sacar un turno en una carnicería un sábado por la mañana: una odisea donde lo normal es que te ignoren. La Memoria de Actividades 2025 del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG) ha soltado una bomba de realidad: el Gobierno ha usado los tribunales 30 veces para evitar soltar información que el organismo independiente ya había ordenado liberar. Es decir, que cuando el árbitro dice que es penalti, el Estado prefiere irse a juicio antes que admitir que cometió falta. De los 41 recursos contencioso-administrativos presentados, el 73,2% fueron promovidos por la propia Administración. Un despliegue de terquedad institucional que incluye a Presidencia, Hacienda, Interior y Defensa, además de joyas como la AEAT, Renfe o la DGT. Mientras el ciudadano medio lucha contra el silencio administrativo —que fue el origen del 45,5% de las quejas contra el Estado—, los ministerios tiran de tarjeta judicial para blindar sus secretos. El año 2025 ha sido récord en reclamaciones, con 2.767 solicitudes, un salto del 40,2% respecto al año anterior. Lo más cínico es que el 65,9% de las reclamaciones admitidas terminaron a favor del ciudadano. Peor aún: el 40,3% de esas victorias fueron por 'motivos formales'. Traducido al lenguaje de la calle: la Administración te daba el documento solo después de que el Consejo les diera un toque de atención, fingiendo que siempre quisieron ayudar, pero obligándote a hacer una carrera de obstáculos primero. Con 172 procedimientos judiciales pendientes y 24 recursos de casación ante el Tribunal Supremo, el mensaje es claro: la transparencia en España es un derecho que solo se consigue si tienes la paciencia de un santo y el presupuesto de un abogado.
En la política española, los acuerdos son como las promesas de Año Nuevo: duran hasta que llega el primer lunes de enero. Miriam Nogueras, portavoz de Junts, ha decidido que el juego del gato y el ratón con Pedro Sánchez ya no tiene gracia y ha pedido, básicamente, que el presidente se retire y 'se ponga a alguien' que sí sepa manejar la cartera. No es una petición amable; es un 'estás despedido' en lenguaje parlamentario. El núcleo del conflicto es el dinero, ese viejo conocido. Mientras el Gobierno propone una senda de estabilidad que para Junts es un chiste sin gracia, Nogueras traduce la realidad a moneda corriente: dice que de cada 100 euros que permite Europa, menos de uno llega a Cataluña. Es el equivalente a que te prometan un banquete y te sirvan una aceituna fría. Para rematar la faena, lanza la bomba de la inversión por habitante: 162 euros en Cataluña frente a los 452 de Madrid, 590 de Murcia o 481 de Aragón. Básicamente, Cataluña paga la cena y se queda mirando cómo los demás comen postre. La receta de Junts es clara: quieren el 'concierto económico' del País Vasco, es decir, tener la llave de la caja para recaudar y gestionar sus impuestos sin pedir permiso en Madrid. Mientras tanto, Nogueras mira con desdén a Salvador Illa, ERC y el PSC, acusándolos de validar un sistema que los deja en la cola de espera. Y sobre Carles Puigdemont, la narrativa es la de siempre: una amnistía que se cocina a fuego lento para que el expresidente siga en el exilio. En medio de encuestas que los hunden (pasando de 35 escaños a unos 16-18 en el Parlamento catalán), Junts se aferra a sus 7 diputados en el Congreso como quien guarda el último as bajo la manga para dinamitar la estabilidad del Gobierno.
Hay quien presume de sus medallas y hay quien presume de aparecer en un informe del Departamento de Estado de EE. UU. como un 'colaborador útil' de un régimen cuestionable. Para Pablo Iglesias, que pasó de gestionar el presupuesto del Estado a gestionar su propio ecosistema mediático, que Marco Rubio lo haya incluido en el documento 'Cuba. La capital del comunismo del siglo XXI' el pasado 20 de julio no es un problema, es un trofeo. Es como si te ponen en la lista negra de un club exclusivo y, en lugar de buscar la salida, pides que te saquen una foto junto a la puerta. El informe, un tostón de 107 páginas que funciona como hoja de ruta contra el castrismo, no se anda con chiquitas. Describe una maquinaria de subversión que lleva siete décadas infiltrándose en Washington. En medio de este despliegue de inteligencia, aparece la 'Flotilla a La Habana' de marzo de 2026, el Convoy Nuestra América. Un viaje que para muchos fue turismo revolucionario y para otros, una excursión propagandística donde 120 organizaciones de 33 países jugaron a los comisarios. Allí estuvo Iglesias, entrevistando a Miguel Díaz-Canel en el Canal Red, mientras se lanzaba piropos a China, describiéndola como el ejemplo del bienestar socialista. Mientras el Departamento de Estado advierte que los espías de Pekín en Cuba se han triplicado en tres años, convirtiendo la isla en una base de operaciones hostiles, la izquierda española celebra la mención. Para el exvicepresidente, ser etiquetado en un contexto de 'terrorismo de izquierda' es el equivalente político a que te den una estrella Michelin en la cocina del activismo. Al final, el dinero público y la influencia política se transforman en contenido para sus canales, convirtiendo la vigilancia de una superpotencia en el mejor marketing viral de la temporada.
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