Sánchez envía 790 GWh de gas natural a Marruecos en plena invasión para mantener su actividad

Sánchez paga la luz al invasor marroquí

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un mapa estilizado del Estrecho de Gibraltar donde un tubo de gas dorado y brillante fluye desde España hacia Marruecos, mientras que el lado de Ceuta aparece en sombras y desconectado. El gas se transforma en monedas de oro al llegar a Rabat. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, sin texto.

Hay una ironía exquisita, casi coreografiada, en la gestión energética de este Gobierno. Mientras el ciudadano medio mira la factura de la luz como quien mira una película de terror, Pedro Sánchez ha decidido jugar a ser el 'gestor de suministros' de Rabat. Los datos de Enagás no mienten, aunque a veces duelan: en pleno agosto, mientras Marruecos mantiene su presión sobre Ceuta, España le ha enviado 790 GWh/mes de gas natural a través del tubo de Tarifa.

Es, básicamente, pagarle la calefacción y la luz al vecino que te está intentando echar de tu propia casa. Lo más fascinante de esta ingeniería diplomática es el triángulo amoroso energético. España se ha puesto de acuerdo con Argelia para importar más gas vía Medgaz, el gasoducto que llega a Perdigal (Almería).

Entre agosto de 2025 y agosto de 2026, las importaciones argelinas subieron de 9.123 GWh/mes a 9.897 GWh/mes. Un incremento de 774 GWh/mes que, en lugar de servir para evitar que la industria española sufra apagones o para estabilizar un sistema eléctrico que va más tembloroso que un flan, ha acabado directamente en el sistema eléctrico de Mohamed VI.

Es un negocio redondo para Rabat: España hace el trabajo sucio de negociar con Argelia, absorbe el riesgo y luego le pasa el gas a Marruecos, que ahora depende de nosotros para el 15% o 20% de su consumo eléctrico. Mientras Ceuta carece de una infraestructura energética estable con la península, el flujo hacia el reino alauita corre como la espuma.

Hemos convertido el gasoducto de Tarifa en un cordón umbilical que alimenta la actividad económica de quien nos desafía, todo mientras el recibo de la luz en España sigue disparado. Una generosidad que, vista desde la calle, parece más una capitulación que una estrategia de Estado.

Crítica:

El texto original es un despliegue de indignación que roza el panfleto, aunque los datos de Enagás le dan un suelo sólido. Le falta analizar si existe un acuerdo comercial previo que obligue a estos flujos independientemente de la tensión política.

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