Crítica:
La noticia es un ejercicio de exposición de nepotismo, aunque el texto original peca de repetitivo en los datos. El contraste entre la dimisión y el nuevo cargo es el único valor real, el resto es relleno administrativo.
La noticia es un ejercicio de exposición de nepotismo, aunque el texto original peca de repetitivo en los datos. El contraste entre la dimisión y el nuevo cargo es el único valor real, el resto es relleno administrativo.
El Pleno del Ayuntamiento de Madrid ha vuelto a transformarse en el patio de colegio de siempre, pero esta vez con un toque de nostalgia tóxica. José Luis Martínez-Almeida y Rita Maestre se han dedicado a lanzarse dardos en un duelo que empezó hablando de alquileres y terminó con una lección de aritmética financiera sobre la coherencia política. Maestre, en modo gladiadora, acusó al alcalde de firmar cada desahucio de la capital, poniendo el foco en el caso de Maricarmen, una vecina de 87 años del distrito de Retiro que estuvo a punto de quedar en la calle antes de que el Ayuntamiento mediara con Urbagestión para que volviera a su casa por un precio similar al anterior. Pero Almeida, que no se deja pisar el jardín, decidió que era el momento de sacar el baúl de los recuerdos. No sacó un dato, sacó una pancarta del 15-M. Sí, esa donde una joven Maestre gritaba que la juventud no tenía casa ni curro. El alcalde, con una ironía que cortaba el aire, le recordó que 15 años después la portavoz de Más Madrid no solo tiene casa en uno de los barrios más 'cool' de la ciudad, sino que ha olvidado un pequeño detalle contable. Según Almeida, Maestre prometió no cobrar más de tres veces el SMI al entrar en política, una promesa que, traducida al lenguaje de la calle, se ha convertido en un agujero de 700.000 euros que le debe a los madrileños. Entre llamadas al orden de Borja Fanjul y gritos desde la bancada, el Pleno rozó el espectáculo de variedades. Mientras Maestre hablaba de justicia social, Almeida le recordó que el miedo a perder los privilegios es el nuevo motor de quienes antaño gritaban 'sin miedo'. Un choque de trenes donde la ideología se quedó fuera y solo quedó el recuento de los euros y el postureo.
En el tablero político, hay quien juega al ajedrez y quien prefiere mover las piezas cuando el árbitro mira hacia otro lado. Pedro Sánchez parece haber encontrado un 'vale regalo' constitucional para evitar las urnas en 2027 si las encuestas se ponen feas. El plan es tan surrealista que parece sacado de una comedia de enredo: usar Ceuta como escudo. La aritmética es sencilla, casi como calcular el sablazo de la luz a final de mes. Según la Junta Electoral Central, el decreto de disolución debería firmarse el 28 de junio de 2027 para que el 22 de agosto los ciudadanos den su veredicto. Pero aquí entra la ingeniería financiera del poder. El artículo 116.5 de la Constitución es el agujero legal perfecto: si hay estado de alarma, excepción o sitio, el Congreso no se disuelve. Es como poner el modo avión al calendario electoral. Para lograrlo, bastaría con un decreto del Consejo de Ministros y una mayoría simple en el Congreso para prorrogarlo cada 15 días. Una maniobra que ya probamos en 2020 con el covid-19, cuando las elecciones en Galicia y el País Vasco desaparecieron del mapa sin mucha base legal. Ahora, el detonante sería una 'ayuda' de Marruecos o una crisis en Ceuta, mientras María Tardón, en el Juzgado Central de Instrucción nº 3 de la Audiencia Nacional, intenta descifrar la invasión del 30 y 31 de julio. Al final, la última palabra la tendría el Tribunal Constitucional de Cándido Conde-Pumpido. El sistema, diseñado para tiempos de normalidad, se encuentra ahora frente a un Gobierno que trata la Constitución no como un manual de instrucciones, sino como un libro de sugerencias.
En la Moncloa han descubierto un truco de magia jurídica que es una auténtica joya: el 'escudo del cargo'. Resulta que, según el Gobierno de Pedro Sánchez, equivocarse no es delito, es simplemente una 'decisión discrecional'. Mientras el ciudadano medio se juega el tipo por un error en la declaración de la renta, los despachos del Ejecutivo estudian la jurisprudencia del Tribunal Supremo para blindarse ante la investigación de la Audiencia Nacional por la crisis en Ceuta. La lógica es sencilla: si no tomas la 'mejor decisión', no pasa nada; es como quemar la tortilla en el desayuno y decir que estabas experimentando con nuevas texturas culinarias. Para dormir tranquilos, los asesores han rescatado el historial de Fernando Grande-Marlaska, quien se ha convertido en el Santo Patrón de la inmunidad administrativa. Primero, el caso de Barbate, donde la Asociación Libertad y Justicia intentó imputarle prevaricación y obstrucción a la justicia tras la muerte de dos guardias civiles arrollados por una narcolancha. El Supremo, con una frialdad quirúrgica, inadmitió la querella sentenciando que en España no existe la responsabilidad penal por el cargo que se ocupa. Luego tenemos el episodio del coronel Diego Pérez de los Cobos en 2023. Marlaska fue obligado a rectificar el cese del jefe de la Comandancia de Madrid por una sentencia de la Sala Tercera, pero cuando Vox intentó llevarlo al banquillo penal por prevaricación y obstrucción, la Sala Segunda cerró la puerta. En resumen: puedes perder el juicio administrativo (el 'tirón de orejas' oficial), pero mientras no haya un delito flagrante, el cargo actúa como un chaleco antibalas legal. Una ingeniería financiera de la justicia donde el riesgo lo asume el funcionario de a pie y la 'discrecionalidad' se reserva para los que firman los decretos.
Hay una ironía deliciosa, casi poética, en la aritmética del poder. Mientras Maricarmen, una señora de 87 años, veía cómo Urbagestión le cerraba la puerta de su casa en el Retiro, los salvadores del pueblo, Reyes Maroto y Óscar López, hacían el recuento de sus llaves. Resulta que la pareja del PSOE en Madrid ostenta un imperio de diez inmuebles. Sí, diez. Nueve más que la propia empresa que desahució a la anciana, que jura y perjura que aquel piso de la calle Alcalde Sáinz de Baranda es su único activo. Es el clásico cuento de la 'lucha contra el fondo buitre' contado por quienes saben perfectamente lo que es que el ladrillo sume en el balance. Óscar López, el ministro que tilda de 'intolerable' el drama de Maricarmen, maneja un portfolio variado: una casa al 100% en Madrid comprada en 2006, el 50% de otra en Segovia del 2020 y un 25% de dos herencias de 2022. Todo ello adornado con dos hipotecas de 515.000 y 150.000 euros, porque claro, el crédito es el combustible del sueño inmobiliario. Por su parte, Reyes Maroto no se queda atrás con seis inmuebles urbanos al 50%, cinco de ellos en Alcorcón, además de unos depósitos bancarios que suman 239.397 euros. Dinero que, comparado con el beneficio de 2.990 euros que Urbagestión sacó en 2025 facturando 586.450 euros, parece una propina. López y Maroto disparan contra Ayuso y Almeida, hablando de 'alfombras rojas' para los fondos buitre. Pero mientras prometen el derecho de tanteo y retracto para el futuro, la realidad presente es que tienen más casas que la 'pyme' villana de la historia. Es la eterna danza política: defender la vivienda como derecho humano mientras el patrimonio personal se gestiona como una cartera de inversión.
Hay que tener un despliegue de gimnasia mental digno de los Juegos Olímpicos para liderar un sindicato de inquilinos mientras el árbol genealógico te escupe billetes de quinientos. Fernando de los Santos Menéndez, el abanderado del Sindicato de Inquilinas que se vende como la voz de los desahuciados, ha resultado ser el ejemplo perfecto de 'turismo social' desde la comodidad de un palacio. El profesor de Filosofía del Derecho, que presume de estancias en Oxford y Warwick mientras critica la meritocracia, dice haber sufrido el acceso a la vivienda. Claro, probablemente se refiera a que el aire acondicionado del salón no enfriaba lo suficiente. La realidad es que el señor De los Santos no es un inquilino con angustias, sino el nieto de Aurelio Menéndez, ministro de Educación de Suárez y primer marqués de Ibias. Mientras la gente común hace malabares con el alquiler y la lista de la compra, la red empresarial de su entorno más cercano maneja un patrimonio que hace parecer el presupuesto de un ayuntamiento pequeño como calderilla: más de 220 millones de euros. Su hermano, Luis de los Santos Menéndez, pilota ROWHILL HOLDCO S.L., una entidad que en 2025 presumía de 220,4 millones de euros, bajando ligeramente desde los 240 millones de 2024. No es una gestión modesta; es ingeniería financiera de alta costura. Lo más delirante es que el portavoz arremete contra las 'empresas buitre' mientras su familia opera ROWHILL BIDCO SL y la ahora extinta BALUARTE CAPITAL SL., esta última con un patrimonio de más de 80 millones de euros dedicado a la inversión inmobiliaria. Es el colmo del cinismo: luchar contra el monstruo mientras se cena en su mesa y se hereda su piel. El despacho Uría Menéndez, fundado por su abuelo, facturó más de 243,6 millones de euros en España, dejando claro que para los De los Santos, la vivienda no es un derecho, sino un activo financiero muy rentable.
Para el Gobierno, el concepto de 'propiedad privada' parece haberse convertido en una sugerencia opcional, casi como las instrucciones de montaje de un mueble de IKEA. El borrador del nuevo Real Decreto-ley de vivienda, con fecha del 28 de septiembre de 2026, no es una simple prórroga; es un búnker legal. La joya de la corona es el artículo 2, que permite congelar desahucios hasta el 31 de diciembre de 2030. Pero atención al detalle: no solo protege a los que están en el limbo, sino que permite suspender lanzamientos incluso cuando ya hay una sentencia firme. Es como si, tras ganar un partido por goleada, el árbitro decidiera que el resultado no cuenta porque el perdedor tiene los zapatos rotos. La ingeniería es brillante. Si el ocupante es 'vulnerable' y no tiene alternativa, el tribunal le pide ayuda a la administración local. Si la administración —que suele tener la misma capacidad de respuesta que un caracol con asma— no contesta o admite que no tiene casas, el proceso se suspende. Así de sencillo. Podemos estar hablando de tres años de alquiler gratis mientras el propietario mira cómo su patrimonio se convierte en un hotel social no remunerado. Claro que hay 'salvaguardas'. Si eres un pequeño propietario con dos viviendas o menos, tu vulnerabilidad económica podría prevalecer. Pero para el resto, la solución es un cheque de la Administración que promete cubrir impagos y suministros. Un sistema donde el dueño paga la entrada, el okupa disfruta la estancia y el Estado promete pagar la cuenta cuando encuentre la cartera, probablemente en 2030. El mensaje es claro: la sentencia es un papel, pero la permanencia es un derecho.
Miguel Ángel Pérez Triano ha decidido hacer las maletas y abandonar la Delegación del Gobierno en Ceuta, aunque en el lenguaje de los pasillos esto suena más a 'empujón coordinado' que a renuncia voluntaria. El exdelegado se marcha dejando un agujero en el PSOE que ni con cemento armado se tapa a nueve meses de las autonómicas de mayo. Mientras el ciudadano medio intenta que el ticket del supermercado no parezca una hipoteca, Pérez Triano se despide lanzando dardos a Moncloa, sugiriendo que él era el portero de un edificio donde las llaves las tenían Fernando Grande-Marlaska, Margarita Robles, Ángel Víctor Torres y Félix Bolaños. La jugada tiene un aroma judicial insoportable. Con el Juzgado de Instrucción número 6 de Ceuta y la Audiencia Nacional husmeando en el asalto masivo de 80.000 inmigrantes a finales de julio, dimitir es la maniobra clásica para intentar pasar desapercibido. El problema es que el CNI avisó por WhatsApp el 29 de julio sobre una convocatoria de 180.000 seguidores para saltar la valla. Gonzalo Sanz, su jefe de Gabinete, jura que se lo contó todo; Pérez Triano dice que solo recibió migajas de información. Es la eterna historia: el de arriba no sabe, el de abajo no recuerda y el ciudadano paga el pato. Ahora Ferraz tiene que montar una Comisión Gestora siguiendo el artículo 239 del Reglamento Federal, porque en el PSOE de Ceuta hay menos cuadros que en un gimnasio de barrio. Entre la deslealtad interna y la sombra de un candidato 'títere' impuesto desde Madrid, la formación se enfrenta a un descalabro electoral. Como bien dice un militante, en el desierto hay más agua que socialistas con entidad para plantar cara a Juan Jesús Vivas. Una salida elegante para Pérez Triano, pero un incendio forestal para su partido.
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