Vivas entrega a la jueza un listado de llamadas y mensajes «a la desesperada» hacia Presidencia y hasta cuatro ministerios antes de la invasión

Ceuta llamó y Moncloa puso el avión

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un teléfono antiguo de disco sobre un escritorio lujoso y oscuro de oficina gubernamental, con el auricular descolgado y emitiendo un silencio visual. Al otro lado de la imagen, una mano angustiada sostiene un smartphone moderno que muestra decenas de llamadas perdidas y mensajes no leídos, con un fondo que sugiere una frontera militar tensa y borrosa. Estilo editorial de revista política, colores contrastados entre el gris burocrático y el rojo de alerta.

Hay una diferencia abismal entre el 'estamos trabajando en ello' de un despacho climatizado y el pánico de quien ve que el horizonte se llena de botas ajenas. Juan Jesús Vivas ha aterrizado en la Audiencia Nacional este miércoles para contarle a la jueza María Tardón cómo es, exactamente, sentirse invisible para el Estado.

El presidente de Ceuta no ha ido con poesías, sino con un registro de llamadas que parece el historial de alguien intentando cancelar una suscripción telefónica imposible: diez llamadas a La Moncloa y solo tres respuestas. Un ratio de eficacia que, en cualquier negocio de barrio, supondría el cierre inmediato por mal servicio al cliente. Mientras en Madrid se gestionaban agendas, en Ceuta se lanzaban mensajes «a la desesperada».

El jefe de gabinete de Vivas empezó llamando al director de gabinete de Pedro Sánchez, y al ver que el silencio era la respuesta estándar, empezaron a disparar a ciegas hacia cuatro ministerios: Defensa, Interior, Política Territorial y Juventud e Infancia. Fue el juego del 'quien coja el teléfono', una lotería desesperada donde el premio era que alguien, en algún despacho, dejara de mirar el reloj para escuchar la urgencia de una ciudad fronteriza.

La respuesta final de Moncloa fue una joya de la burocracia: que el 'cauce correcto' era el delegado del Gobierno, un funcionario que ya ha dimitido el pasado lunes. La trama se vuelve deliciosa cuando aparece Gonzalo Sanz, exjefe de gabinete de la Delegación, quien el 29 de julio —un día antes del asalto del 30 de julio— tuvo una charla de once minutos con el CNI vía WhatsApp.

Mientras Vivas llamaba al vacío, el CNI ya estaba avisando por la aplicación de mensajería más común del mundo. La jueza Tardón ahora busca el hilo que une esa omisión con la agresión territorial, mientras el Gobierno español parece haber confundido la gestión de una crisis nacional con el modo avión de un smartphone.

Crítica:

La noticia es un catálogo de negligencias, pero brilla por la ausencia de una respuesta inmediata del Gobierno. Es un relato de sordera institucional disfrazado de proceso judicial.

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