Las tretas de Sánchez para gastar más sin presupuestos ya ascienden a 78.000 millones anuales

Sánchez gasta miles de millones sin presupuesto

politica Una ilustración conceptual y satírica de un escritorio gubernamental caótico. Un libro contable antiguo y polvoriento marcado como 'Presupuestos 2023' está abierto, pero desde sus páginas brotan cascadas de monedas y billetes que inundan la oficina. Al fondo, una calculadora gigante muestra números rojos que se transforman en verdes por arte de magia. Estilo editorial de revista económica, colores contrastados, atmósfera de desorden administrativo.

Gestionar un país sin Presupuestos Generales es, en teoría, como intentar llevar la casa con una lista de la compra de hace tres años: se supone que deberías limitarte a lo básico para no acabar en la ruina. Pero Pedro Sánchez ha descubierto el truco del almendruco. Mientras el ciudadano medio ve cómo el ticket del supermercado se convierte en una película de terror, el Ejecutivo ha desplegado una ingeniería financiera que dejaría perplejo a cualquier contador de barrio.

Según el estudio de Raymond Torres para Funcas, el Gobierno ha logrado que el gasto público se desborde hasta situarse 78.000 millones de euros por encima de lo previsto. No es un error de cálculo; es un sistema. Hemos pasado de unos 407.000 millones en las cuentas de referencia a un desembolso efectivo de 436.000 millones en 2024, escalando hasta los 458.000 millones en 2025.

Y ojo, que para 2026 la previsión es alcanzar los 485.000 millones. Es como si dijeras que vas a gastar 100 euros en el cine y acabas comprando el cine entero con el dinero del alquiler. ¿Cómo lo hacen? Con 'tretas' legales: ampliaciones de crédito, créditos extraordinarios y transferencias que funcionan como el cajero automático de un primo rico.

El desglose es un poema: 23.000 millones para la Seguridad Social, 18.000 millones para las comunidades autónomas y 14.000 millones para corporaciones locales. Lo más cínico es que este festín se financia con una recaudación que ha subido un 24%, impulsada por la inflación y el hecho de que el Gobierno no ha actualizado los tramos impositivos.

Básicamente, el Estado gana más porque todo es más caro y el contribuyente paga más sin que nadie mueva un dedo. Un desorden institucional disfrazado de eficiencia que convierte la planificación parlamentaria en un mero trámite decorativo.

Crítica:

El texto original es un despliegue de cifras que marea al lector promedio. Le falta valentía para llamar 'estafa administrativa' a la sustitución sistemática de los presupuestos por créditos extraordinarios.

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