Hay un momento peligroso en la vida de cualquier administración: el 'modo pánico' previo a las elecciones. Es ese instante en que el Gobierno, sabiendo que tiene los días contados y con las Cortes disueltas, decide vaciar la hucha como quien hace una limpieza de armario antes de una mudanza forzosa.
El Consejo de Ministros del martes 13 de octubre ha sido el escenario de una generosidad que ya quisiera cualquier ciudadano al mirar su extracto bancario.
Mientras el ciudadano medio hace malabares para que el alquiler no se coma su sueldo, el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa ha soltado 483,3 millones de euros a entidades internacionales sin pestañear.
Es una lista de invitados VIP donde la Alianza para la vacunación de Bill Gates se lleva la tajada más gorda con 130 millones, seguida por el Fondo Africano de Desarrollo con 61 millones y la Iniciativa de condonación de deuda multilateral con 51,3 millones. El Banco Mundial y sus derivados (Asociación de Fomento, Corporación Financiera y el Fondo de Seguridad Hídrica) se reparten otros 107 millones, mientras que el Fondo para el Medio Ambiente Mundial se lleva 50 millones y el Banco Interamericano de Desarrollo 15 millones.
Para rematar el cuadro climático, el Partenariado de Alto Impacto se lleva 5 millones.
Pero la fiesta no termina ahí. El Gobierno ha decidido que la propaganda es prioridad, retocando la financiación de RTVE para gastar más en plena campaña. A esto sumamos el 'regalo' de 131,8 millones de euros en becas transferidos a Cataluña y un Plan de Acción de Juventud que roza la ciencia ficción con 59.191 millones de euros para bonos culturales y emancipación.
Entre drones Predator B (20 millones), satélites (19,2 millones) y el eterno agujero de Ceuta (14,3 millones más, sumando ya más de 500 millones), el Ejecutivo parece jugar al Monopoly con el dinero de todos mientras espera el veredicto en las urnas.
Crítica:
El texto original es un panfleto electoral disfrazado de análisis, aunque los datos son lo suficientemente escandalosos como para sostener la crítica. Peca de hiperbolismo al llamar 'aquelarre' al Gobierno, pero acierta en la fiscalización del gasto.
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