Mientras el ciudadano medio hace malabares para que la cuenta corriente no se quede en números rojos antes del día quince, en el Palacio de la Moncloa parecen haber confundido la diplomacia con un ejercicio de generosidad extrema. El Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido jugar al silencio mientras Marruecos, con la soltura de quien reparte el pastel en una fiesta donde España ni siquiera ha sido invitada, regala el subsuelo próximo a Canarias a quien mejor puje.
No hablamos de cuatro piedras y un banco de arena; hablamos de una ingeniería financiera que deja en ridículo cualquier préstamo hipotecario.
Ramón Cuerda Riva lo ha dejado claro: Rabat está aplicando la ley del 'el que primero llega, se lo lleva'. Han montado un escudo de multinacionales para que España no pueda decir ni 'mu'.
Por un lado, NewMed Energy de Israel pone el sello de Tel Aviv; por otro, la italiana ENI y QatarEnergy blindan el negocio con el músculo del Golfo y la UE. Para rematar la jugada, las británicas Chariot y Europa Oil & Gas entran al trapo, aprovechando que el Reino Unido ya no tiene que dar explicaciones a Bruselas.
El sablazo es monumental. Estamos hablando de reservas de gas valoradas en más de 40.000 millones de euros y el tesoro del Monte Tropic, una montaña submarina con telurio y cobalto que haría palidecer a cualquier fondo de inversión, con un valor estimado que supera los 90.000 millones de euros.
Mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores se llena la boca hablando de 'comisiones mixtas' y diálogos técnicos, Marruecos firma contratos vinculantes. Básicamente, España lleva los folletos informativos a la reunión mientras Rabat ya ha firmado las escrituras de la propiedad.
Nos están dejando una hipoteca geopolítica que hará que cualquier futuro gobierno se tope con un muro de abogados internacionales y reclamaciones millonarias.
Crítica:
El texto es un despliegue de indignación justificada, aunque peca de ser excesivamente alarmista al no dar espacio a la versión oficial del Gobierno. Es periodismo de trinchera: efectivo para despertar al lector, pero selectivo con las fuentes.
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