La UCO desmonta la versión del DAO de la Guardia Civil ante Pedraz e insiste en que la unidad no estuvo detrás de las filtraciones

UCO contra DAO: traiciones en el uniforme

politica Una ilustración conceptual y satírica. Dos figuras uniformadas de alta jerarquía policial enfrentadas en un tablero de ajedrez donde las piezas son expedientes judiciales y sobres cerrados. El fondo es un edificio gubernamental gris y opresivo, con sombras alargadas que sugieren secretos. Estilo editorial de periódico, colores fríos y contrastes fuertes.

En el Instituto Armado, la etiqueta de 'lealtad' parece haberse convertido en un juego de sillas musicales donde nadie quiere sentarse en la silla que quema. La UCO, esa unidad que suele ser el terror de los delincuentes, se encuentra ahora en el banquillo, tratando de explicarle al juez Santiago Pedraz que no son los 'filtradores' que la cúpula quiere pintar.

El Director Adjunto Operativo (DAO), Manuel Llamas, intentó venderle al juez una historia donde la UCO desmentía autónomamente las fugas de información. Spoiler: la UCO dice que eso es un cuento chino y que tales conversaciones sencillamente no existen. La trama tiene el aroma clásico de las purgas corporativas.

Entre diciembre de 2024 y septiembre de 2025, se abrieron tres informaciones reservadas contra agentes de la unidad. ¿El motivo? Unas filtraciones que molestaban mucho en Moncloa. Primero, el correo de Begoña Gómez en el 'caso David Sánchez'. El coronel López Malo ya había avisado al DAO, con una nota de despacho más detallada que una factura de Hacienda, que la UCO no tenía nada que ver.

¿La respuesta de Llamas? Un WhatsApp gélido ordenando abrir un expediente. Luego vino mayo de 2025, con los chats de Pedro Sánchez y José Luis Ábalos filtrados desde los dispositivos de Koldo García. Aquí la hipocresía alcanza niveles estratosféricos: el DAO abrió la investigación el día 12, sabiendo desde el día 10 que la filtración no venía de la UCO.

Es la ingeniería del miedo aplicada al uniforme. Según la Fiscalía Anticorrupción y Pedraz, estas expedientaciones no eran búsqueda de la verdad, sino un sablazo disciplinario para que los agentes 'se pusieran de perfil'. Básicamente, que dejaran de mirar donde el sol no brilla en los casos que cercan al Gobierno.

Una orden directa de 'no encontrar nada' que suena más a guion de mafia que a protocolo policial.

Crítica:

El texto original es un laberinto de cargos y fechas que intenta ocultar la brutalidad del hecho: el uso del aparato disciplinario para amordazar investigaciones. Le falta valentía para llamar a las cosas por su nombre y dejar de esconderse tras el 'supuestamente'.

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