La "asimetría" de Intxaurrondo

Intxaurrondo: lavandería pública para Óscar Puente

politica Una ilustración satírica de estilo editorial. Una lavadora industrial gigante situada en el centro de un estudio de televisión moderno, donde se introducen trajes políticos manchados de grasa y hollín y salen impecablemente blancos. Al fondo, una pantalla de televisión muestra una señal de advertencia ferroviaria difuminada. Colores contrastados, estilo caricatura política sofisticada.

Hay quien confunde el periodismo con el servicio de lavandería industrial, y Silvia Intxaurrondo parece haber encontrado el detergente perfecto. En 'La Hora de La 1', la presentadora ha decidido que la dimisión de Óscar Puente —el hombre que capitaneó un Ministerio de Transportes con el saldo trágico de 116 muertos— no es un acto de responsabilidad, sino una 'injusticia'.

Lo dice con una solemnidad que ya quisiera cualquier mártir, repitiendo la palabra 'asimetría' cinco veces, como si fuera el mantra mágico para borrar el rastro de los raíles de Urda. Traduzcamos esto al lenguaje de la calle: es como si el portero que deja que se inunde el garaje del edificio y luego renuncia, resultara que es la víctima de la historia porque 'está muy triste'.

Mientras el ciudadano medio mira la factura de la luz con pánico, en la televisión pública se gasta el tiempo en dibujar a un exministro como un sacrificado del 'bien común'. La estrategia es tan vieja como el hilo negro: lanzar humo con la dana de Valencia de 2024 para que nadie mire el agujero contable de la gestión ferroviaria. Intxaurrondo, que ya tuvo sus roces con Miguel Tellado intentando torear la gestión de Carlos Mazón, ahora juega a ser la abogada de Puente.

El contraste es obsceno. Pasamos de la era de José Luis Ábalos, que gestionaba las empresas del Estado como si fueran el libro de contactos de un club nocturno, a un Puente que parecía más preocupado por el engagement de sus redes sociales que por la seguridad de los trenes. Al final, lo que vemos en RTVE no es una entrevista, es un ejercicio de gimnasia mental donde rendir cuentas es un lujo y dimitir es un drama personal.

Una humillación financiada con los impuestos de quien sí tiene que rendir cuentas cada fin de mes.

Crítica:

El texto original es un panfleto de indignación que confunde la crítica periodística con el odio visceral. No aporta pruebas del 'blanqueamiento', solo interpretaciones cargadas de adjetivos incendiarios.

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