Onicofagia: causas psicológicas y riesgos salud
Morderse las uñas, conocido clínicamente como onicofagia, es un hábito prevalente que afecta a un 15% de la población en España. Este comportamiento, a menudo inconsciente, se clasifica como un trastorno del control de los impulsos y está intrínsecamente ligado a factores psicológicos como el estrés, la ansiedad, la frustración y el aburrimiento. La psicóloga Raquel Mascaraque ha detallado en sus redes sociales que la onicofagia suele asociarse con la dificultad para manejar emociones desagradables. Las personas adoptan estos hábitos corporales para evitar, modular o aliviar el dolor emocional. Este hábito también se relaciona con la impaciencia, la inseguridad y la insatisfacción, funcionando como una vía para canalizar energía y liberar tensión, manteniendo a la persona ocupada de forma no consciente. En ciertos casos, la onicofagia puede ser un síntoma de trastornos emocionales más complejos, como la ansiedad generalizada o el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Otros estudios, incluyendo el de Tim Ivor Williams, Rebecca Rose y Sarah Chisholm de 2007 (publicado en Behaviour Research and Therapy, Volume 45, Issue 5), sugieren que este hábito puede estar vinculado a personalidades perfeccionistas. Estas personas, que experimentan insatisfacción constante y se autoimponen estándares inalcanzables, recurren a acciones repetitivas para liberar tensiones, percibiendo el dolor físico como más manejable que la frustración emocional subyacente. Las consecuencias de la onicofagia van más allá de lo estético. A nivel de salud física, debilita las uñas, daña las cutículas, provoca sangrados y aumenta el riesgo de infecciones al facilitar la entrada de gérmenes de las manos a la boca. Además, puede erosionar el esmalte dental y causar problemas en la mordida. Psicológicamente, la vergüenza por la apariencia de las uñas puede afectar la autoestima. Comprender los orígenes de este hábito es crucial para poder abordarlo y mitigar sus efectos negativos.
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