Crítica:
El artículo es demasiado alarmista y no presenta una visión equilibrada de los beneficios y riesgos del ayuno intermitente. La investigación es limitada y no se pueden extrapolar los resultados de los estudios en ratones a humanos.
El artículo es demasiado alarmista y no presenta una visión equilibrada de los beneficios y riesgos del ayuno intermitente. La investigación es limitada y no se pueden extrapolar los resultados de los estudios en ratones a humanos.
El reloj de la sanidad en España gira a ritmo desigual, y en la zona de la manzana de la calle se oye el latido de la burocracia. A finales de 2025, 853.509 almas estaban en la lista de espera, un número que creció 7.000 desde el inicio del año y que marca el récord de la década. Desde 2020, se sumaron más de 200.000 pacientes al colapso del sistema, como si cada día se añadiera un nuevo paquete de basura a la basura de la ciudad. El promedio de espera para una operación se mantiene en 121 días, la misma cifra que la de la última década. Pero, al mirar la tabla de tiempo de espera para la consulta a un especialista, la realidad se vuelve más espesa: 102 días en promedio, frente a 57 días en 2018. La diferencia es un chorro de agua que se derrama en dos décadas, elevando el porcentaje de pacientes que esperan más de seis meses de la cifra 11 % a 21,6 %, casi el doble. Dos tercios de los que buscan un especialista tienen que aguantar más de dos meses antes de que alguien les devuelva la llamada. En la gran cuenca del País, Cataluña se posiciona como la segunda peor comunidad en cuanto a tiempo de operación, con 142 días –una cifra que se traduce en tres semanas más que la media nacional. La comparativa se vuelve aún más cruel cuando se ve que Andalucía, con 173 días, es la que más tiempo tarda. Por el otro lado, Madrid se impone como el oasis de la sanidad, con solo 50 días en la lista de quirófano, 71 días menos que Cataluña. La diferencia se amplía al 52 días en la espera de especialistas, con Madrid en 68 y Cataluña en 120. Esta disparidad no es un dato aislado; es la manifestación de la hipocresía de un gobierno que, cuando Pedro Sánchez llegó al poder, prometió agilidad y ahora muestra una agenda más lenta que la velocidad de un coche de tracción a pedal. La consejera de Sanidad de Madrid, Fátima Matute, sostiene que la diferencia se debe a la eficiencia de la administración local, pero la realidad del paciente no admite excusas. En suma, la crónica de las listas de espera revela que mientras algunos se colocan en la fila de la vida con un plazo de 50 días, otros en Cataluña se quedan empujados a la punta del bastón, esperando casi el doble de tiempo. La burocracia sigue siendo el boleto de primera clase para la salud, y la desigualdad se paga en días.
El día que un niño no recibe la sonrisa de su madre, su cerebro empieza a construir un mapa interno de valía que le sirve de brújula cuando el mundo se vuelve un teatro de miradas. No es la típica queja de “no me valen los halagos”; es más bien la historia de un hombre que, tras años de silencio, termina con un sistema de validación propio más firme que el concreto de un edificio. La psicología, de la misma manera que un mecánico reparando un coche sin manual, nos enseña que la falta de reconocimiento en la infancia no solo deja vacíos, sino que también fuerza a la mente a inventar su propio manual de instrucciones. Según un artículo de Geediting, la ausencia de elogios se traduce en un ‘medidor interno’ que evalúa cada acción con criterios propios. John Bowlby, con su teoría del apego, señala que las interacciones tempranas forman las representaciones internas de valía, mientras Morris Rosenberg, con su escala de autoestima, destaca la importancia de la validación externa para una percepción positiva de uno mismo. Cuando esa validación no llega, los niños se vuelven autoexigentes, como si tuvieran que cargar con su propio peso de un balde de agua sobre la cabeza. El resultado es una mezcla de independencia emocional y rigidez. Por un lado, la autonomía permite tomar decisiones sin buscar la aprobación de los demás; por otro, ese filtro interno puede hacer que los elogios de los demás se sientan como un idioma extranjero, incómodos y raros. La auto‑validación se vuelve una especie de ‘sablazo en la factura’: la gente se siente a la altura de sus propias expectativas, sin depender del ruido externo. En la práctica, la gente que creció sin halagos tiende a minimizar los cumplidos, desviando la conversación o sospechando de la intención detrás de ellos. Sus evaluaciones internas pueden ser más precisas, pero también más cerradas, dificultando la apertura a la crítica positiva. La falta de reconocimiento, por tanto, no es una sentencia de fracaso; es una invitación a construir un yo más resiliente, aunque a veces se aferre a una autocrítica que no deja espacio para la alegría. En definitiva, la ausencia de elogios en la infancia no es un desastre psicológico, sino un desafío que la mente convierte en una fábrica de validación interna. Cuando el reconocimiento no llega desde afuera, la mente encuentra la manera de crearlo por sí misma, aunque eso implique aprender a validarse en soledad. En el barrio, la lección es clara: si la gente no te alaba, compón tu propia canción de éxito, pero sin olvidar que el público también necesita saber que la música nació de un instrumento propio.
En un giro inesperado, el Ministerio de Sanidad, liderado por Mónica García, ha decidido externalizar la elaboración de los protocolos nacionales de cribado de cáncer de mama y colorrectal debido a una 'falta de medios' internos. Esta decisión llega en un momento crítico, con el Ministerio enfrascado en un pulso con las comunidades autónomas por la gestión de estos programas y tras varios escándalos que han cuestionado el funcionamiento del sistema. El contrato, valorado en 18.070 euros, busca la creación de protocolos nacionales de consenso para el cribado poblacional de estos cánceres, incluyendo la revisión de evidencia científica y la integración de buenas prácticas. La empresa adjudicataria deberá coordinar reuniones técnicas con expertos y comunidades autónomas, proponer mecanismos de evaluación y actualización, todo dentro de un plazo de seis meses. Esta externalización se produce en un contexto delicado, con enfrentamientos entre el Ministerio y varias comunidades autónomas sobre el intercambio de datos de cribados oncológicos y denounced irregularidades en distintos territorios. La falta de un marco homogéneo para los programas de cribado y la ausencia de criterios comunes son argumentos que Sanidad ha utilizado para justificar su intervención, pero la decisión de encargar a una empresa externa la elaboración de estos protocolos introduce una contradicción: el Ministerio reclama liderazgo pero reconoce no tener la capacidad interna para ejercerlo. Esta situación complica el calendario para ampliar el cribado de cáncer de mama y puede intensificar el debate sobre los cribados de cáncer en los próximos meses.
La idea de que un perro sea tu nuevo entrenador personal no es un truco de marketing; es la conclusión de varios estudios que han decidido poner la ciencia a la calle y la hacer pagar tu salud con ladridos. Cuando la American Heart Association (AHA) dice que los dueños de perros caminan más y reducen el riesgo cardiovascular, la noticia parece un anuncio de gimnasio con un perro a la sombra. En la práctica, la AHA mostró que la actividad física moderada se dispara cuando tu compañero de cuatro patas te obliga a salir de casa. Más de 50 años de edad ya no son sinónimo de sofá; son la edad en la que el perro se convierte en el paseador que no te deja bajar la mano al peso muerto del sofá. La UNAM, con su equipo de investigación, no se quedó en la teoría. Publicaron en la revista Nature el estudio titulado "Relaciones entre la tenencia de mascotas y el funcionamiento cognitivo en la edad adulta tardía", donde se encontró que el deterioro cognitivo avanza más despacio en quienes tienen una mascota. La explicación es simple: el cerebro se mantiene en modo de alerta constante al recordar horarios de comida, paseos, visita al veterinario. Es como si tu cerebro fuera un gimnasio de 24 horas sin pagar membresía. El CDC en Estados Unidos añade el toque de la presión arterial y el colesterol, dos piezas clave para evitar enfermedades crónicas. La AHA y el CDC coinciden en que la rutina de paseos reduce estos indicadores como si tuvieras un control de tráfico que no se detiene. El vínculo emocional no se queda de brazos cruzados. La presencia canina libera oxitocina, serotonina y dopamina, los mismos neurotransmisores que se encuentran en las buenas reseñas de café. Los estudios de la UNAM revelan que la ansiedad y el estado de ánimo mejoran cuando la puerta está abierta para un amigo de cuatro patas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha catalogado la soledad como riesgo para la salud de los mayores. Un cachorro convierte cada paseo en una oportunidad de socializar, transformando la calle en una pista de baile donde los vecinos se encuentran sin hacer un esfuerzo. En definitiva, el perro no reemplaza la medicina ni las visitas al médico, pero sí actúa como un complemento activo que convierte la edad avanzada en un período de vida más equilibrado, sin tener que comprar un gimnasio o contratar un entrenador. La lección, como en la vida, es que la mejor inversión después de los 50 años es la que te obliga a salir y a hacer ejercicio sin que te lo paguen.
¿Alguna vez has sentido que te caes cuando te estás durmiendo? No estás solo. Hasta el 70% de las personas experimentan esta sensación angustiosa, que puede ser tan intensa que nos hace despertarnos sobresaltados. Pero no te preocupes, no es nada grave. Según la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño, estas sacudidas hipnagógicas son perfectamente normales y comunes. La ciencia las llama mioclonía, y pueden ocurrir cuando nuestros nervios fallen cuando nuestros músculos se relajan, o cuando nuestro cerebro asume que la relajación significa que nos estamos cayendo. O quizás sean reflejos que conservamos como primates evolucionados, diseñados para evitar que te caigas de un árbol en el que estás durmiendo. Los motivos aún no están claros, pero sí se conocen factores que pueden empeorar esta sensación, como el estrés, el exceso de cafeína, el ejercicio intenso y fumar. Así que la próxima vez que te sientas caer, no te preocupes, es solo tu cerebro jugando una broma. La pregunta es, ¿por qué nuestro cerebro nos juega esta broma? ¿Es una forma de recordarnos que estamos vivos? O es simplemente un error de nuestro sistema nervioso. Lo que sí es seguro es que no estás solo en esta sensación, y que es perfectamente normal. Así que no te preocupes, solo relájate y deja que tu cerebro juegue su juego. La sensación de caída es como un sablazo en la factura, te hace saltar, pero no te hace daño. O como tirar de tarjeta, te hace sentir que estás en el borde, pero no te caes. La vida es un equilibrio, y a veces nuestro cerebro nos recuerda que estamos vivos, de manera un poco brusca, pero siempre es una forma de recordarnos que estamos aquí. La sensación de caída es como un recordatorio de que la vida es un viaje, y que a veces nos podemos sentir caer, pero siempre estamos en movimiento. Así que no te preocupes, solo sigue adelante, y deja que tu cerebro juegue su juego. La sensación de caída es solo una parte de la vida, y no hay nada que temer. La pregunta es, ¿qué otras sorpresas nos tiene preparadas nuestro cerebro? Solo el tiempo lo dirá.
La hidratación es como hacer la compra: hay que tener lo justo para no pasar sed, pero tampoco queremos que nos 'sableen' en mitad de la noche. La ciencia ha estudiado si beber agua justo antes de dormir es una buena idea o un enemigo del sueño. Resulta que durante la noche, nuestro cuerpo sigue con un metabolismo activo, perdiendo aproximadamente medio litro de agua por la evaporación al respirar y sudar. Un estudio japonés encontró que ingerir 280 ml de agua antes de acostarse reduce significativamente el humor depresivo matutino y mejora el bienestar en el despertar. Otro ensayo cruzado de 2025 con 15 adultos sanos encontró una relación entre tomar líquidos antes de dormir y la duración y calidad de la fase REM, que es la que nos hace descansar de verdad. La hidratación adecuada favorece la liberación de vasopresina, una hormona clave para regular el reloj biológico y prevenir la deshidratación de los tejidos durante el sueño profundo. Sin embargo, no siempre es beneficioso beber agua por la noche, ya que el principal enemigo es la nicturia, que es la necesidad de despertarse para orinar durante la noche. La cantidad de agua también es importante, ya que beber más de medio litro puede agravar problemas preexistentes como el insomnio crónico o aumentar el riesgo de caídas al levantarse a oscuras. Para mantenernos hidratados durante el sueño, hay consejos como limitarse a beber un cuarto de litro de agua en el tramo final del día, tomar el último vaso de agua dos horas antes de dormir y mantener una buena hidratación a lo largo del día. En resumen, beber agua antes de dormir es como encontrar el equilibrio perfecto en la lista de la compra: no demasiado, no demasiado poco, justo lo necesario para no despertar con sed ni con la vejiga llena.
Cuando la primavera se decanta por el buen tiempo y las temperaturas empiezan a subir, el jardín se convierte en un festival de vida y de invitados no tan bienvenidos. Las garrapatas, esas pequeñas criaturas que prefieren la sombra y la humedad, reaparecen como si fueran invitados de honor en cualquier espacio donde la vegetación se haya vuelto un refugio de la luz. La hiedra rastrera, ese vegetal que a los amantes de la estética le da un aire de bosque encantado, resulta ser la reina de la sombra continua y la humedad a ras de suelo. No es que la hiedra sea mala, pero su capacidad de retener agua y crear microclimas frescos la convierte en una especie de “casa de huéspedes” para los parásitos. El problema no es una planta en particular, sino el entorno que se crea cuando la hierba sube, las hojas secas se acumulan, los arbustos cerran sus espaldas y la hiedra se extiende como una alfombra verde. En estos rincones, las garrapatas encuentran el lugar perfecto para esperar el paso de animales o personas, sin exponer sus cuerpos al sol directo. En primavera, cuando los perros y gatos salen a explorar el patio, la amenaza se multiplica. Una visita al jardín sin revisión puede terminar en una picadura que deja síntomas y, peor aún, en la propagación de enfermedades. La solución es simple y no implica renunciar a la belleza verde. Se trata de abrir la vegetación, dejar que entre más luz, reducir la humedad y eliminar los materiales orgánicos que se acumulan. Recortar el césped con frecuencia, retirar hojas secas y podar la hiedra con una buena cuchilla son gestos que convierten un espacio denso y sombrío en un refugio seguro para la vida y no para las garrapatas. La clave está en el equilibrio: el jardín debe respirar sin convertirse en una trampa para los parásitos. Así, el mensaje claro es que la jardinería no debe ser únicamente estética, sino también preventiva. La próxima vez que el buen tiempo envíe a la hiedra a cubrir tu patio, recuerda que el sol es tu aliado y la sombra de las plantas, un riesgo que puede ser controlado con un poco de poda y atención. No es la hiedra la culpable, es el exceso de sombra y humedad lo que invita a los garrapatas a hacer de tu jardín su nuevo hogar.
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