Sindicatos sin la gran benefactora Díaz
El primer día de mayo se ha convertido en una especie de desfile sin música, donde el eco de los pasos de los trabajadores suena a un recordatorio de que la mayor parte de sus recursos ya no proviene del bolsillo del Gobierno, sino de la mano de una ex ministra que, al decidir no postularse en listas electorales, dejó a los sindicatos con la sensación de haber perdido a su patrona.
Cuando Yolanda Díaz asumió el Ministerio de Trabajo a inicios de 2020, el gasto anual en ayudas a los sindicatos era de menos de 9 millones de euros, una cifra que había quedado atrapada bajo capas de recortes que el gobierno de Mariano Rajoy había colocado como un tapón en la máquina de la economía. En 2021, la cifra saltó un 56 % y llegó a 13,88 millones; en 2022, un 22 % más y 17 millones, cifra que se mantuvo igual en 2023 y 2024. Así, en cinco años, la ayuda al sector sindical se disparó un 260 %, y el Ministerio de Trabajo los volvió a empujar a la línea de la prosperidad.
La gran jugada se vio en diciembre de 2024, cuando el ministerio, sin esperar la aprobación de los PGE, anunció una subvención de 32 millones para 2025. Eso no es simplemente duplicar el gasto: es un salto que hace que la cifra se alinee con los 16 millones que el ex-presidente José Luis Rodríguez Zapatero había dejado en sus manos, y que se traduce en que el 74 % de ese dinero se repartió entre los sindicatos de clase, CCOO y UGT. CCOO recibió 12,2 millones y UGT 11,4 millones. Los demás, USO y CSIF, se quedaron con apenas 1,4 millones cada uno.
Esta generosidad se tradujo en una complicidad casi perfecta: los sindicatos, con el dinero en la mano, colaboraron con Díaz en la propuesta de blindaje del despido, la subida del salario mínimo y la reducción de jornada, convirtiéndose en cómplices de un proyecto de gobierno que, paradójicamente, se mostró escéptico ante los ministros socialistas, especialmente Óscar López, y crítico ante Hacienda.
Para el Día Internacional del Trabajo, Unai Sordo y Pepe Álvarez rompen la tradición y dirigen la manifestación en Málaga, bajo el lema ‘Derechos, no trincheras. Salarios, vivienda y democracia’. El mensaje es claro: los sindicatos quieren mejores salarios y vivienda, pero su dependencia del dinero público les hace perder la autonomía que pretenden defender.
Mario Herrera