La última cifra que ha hecho temblar los pasillos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades no es la cifra de un presupuesto, sino la de 85.500 homologaciones resueltas en 2025, de las cuales 30.303 llegaron a la medicina. Diana Morant, la ministra que anunció el 15 de abril, se encontró con una ola de titulares que, sin embargo, no celebran la llegada de nuevos médicos, sino la amenaza de un nuevo flujo de titulaciones sin especialidad. El drama se abre con la palabra “imposible” que el propio Dr.
Tomás Cobo, presidente del Consejo General de Médicos (OMC), se ofrece a usar al describir la cifra de 30.303 médicos externos. No es que el número sea desproporcionado; es que la cifra no garantiza la preparación clínica porque, según él, “no han realizado el MIR”. El MIR, ese examen que se parece a la prueba de la vida de los aspirantes a cirujanos, es la única vía que realmente prueba la competencia.
Y si la mayoría de los 7.000 licenciados nacionales que salen cada año de las facultades de medicina se ven superados por cinco veces la cantidad de títulos extranjeros, la pregunta es: ¿quién controla la calidad? El OMC señala que España tiene el sistema de homologación más laxo de Europa porque es “exclusivamente administrativo”.
Eso significa que puedes ganar la licencia sin haber demostrado, por ejemplo, que sabes cómo suturar una herida o administrar anestesia. El país ha reabierto el debate sobre la falta de planificación, la ausencia de políticas eficaces para distribuir a los profesionales y la retención del talento. En la práctica, algunas comunidades ya están empleando a médicos que tienen su título homologado pero sin especialidad.
Las urgencias, por ejemplo, se ven con profesionales que no cumplen con la ley que exige una especialidad. El OMC propone una prueba práctica tipo ECOE, que evaluaría las competencias clínicas reales, en lugar de confiar únicamente en la documentación administrativa. El problema no termina en el MIR.
Una vez que un extranjero consigue la residencia oficial en España, se convierte en residente y ya no se presenta como extracomunitario, cambiando la dinámica de la cupo del 10 % del examen. El debate gira en torno a cuántos de esos 30.303 homologados realmente se convertirán en colegiados, y cuántos pasarán por el MIR. En resumen, la homologación masiva no es garantía de capacidad clínica.
Si el gobierno quiere que la salud española siga siendo de calidad, debe pasar de la burocracia a la práctica, de la papelería a las pruebas reales. El número de títulos es una cifra, pero la verdadera medida es la habilidad de un médico en la sala de urgencias, no el papel que lleva en el expediente.
Crítica:
El titular promete un escándalo, pero el cuerpo solo repite cifras sin profundizar en la calidad de la práctica. Falta evidencia de la falta de competencias clínicas reales.
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