Crítica:
El artículo destaca la falta de concienciación en el uso del contenedor marrón en zonas rurales de Burgos, pero no explora las causas profundas de este comportamiento.
En la era digital donde las selfies y las redes sociales dominan, mantener un gesto serio o neutro en las fotos es una elección que puede revelar aspectos interesantes de la personalidad. Según Psychology Today, esta decisión no siempre responde a timidez o frialdad, sino que puede estar asociada con cuatro rasgos destacados: alta conciencia y dedicación, perfeccionismo, profesionalismo y competencia, y baja extroversión o amabilidad. Las personas que evitan sonreír en fotos suelen ser altamente responsables y comprometidas, y priorizan transmitir seriedad y control. El perfeccionismo también juega un papel importante, ya que estas personas analizan constantemente su imagen y optan por gestos sobrios que consideran más seguros y naturales. En contextos profesionales, una expresión seria se asocia con autoridad y competencia, lo que refuerza la identidad laboral y la credibilidad. Finalmente, la baja extroversión puede manifestarse en una expresión neutral que funciona como un límite para proteger su espacio personal. No sonreír en una foto no define completamente la personalidad, pero ofrece pistas valiosas sobre cómo una persona se percibe a sí misma y al mundo.
Un niño sentado en su trona, concentrado en su plato, y de pronto, tira la comida al suelo a propósito. Esta escena cotidiana puede ser desesperante para los padres. Según la nutrióloga Niria Treviño, este comportamiento es normal, especialmente durante los primeros meses de alimentación complementaria. Los niños tiran comida al suelo como parte de su exploración del mundo que les rodea, probando texturas, sonidos y gravedad. La forma en que los padres responden a este comportamiento puede reforzar o disminuir su frecuencia. En lugar de reaccionar con órdenes o enfado, Treviño sugiere explicar con calma lo que ocurre, estableciendo límites claros y respetuosos. Un estudio publicado en la revista Appetite respalda esta aproximación, mostrando que una intervención basada en 'responsive parenting' reduce las prácticas basadas en la presión o las recompensas y favorece rutinas más previsibles. La clave está en cambiar la forma de responder a los niños durante las comidas, entendiendo que su comportamiento no es desobediencia, sino parte de su desarrollo.
La moda de señalar a padres por usar pantallas con sus hijos ha llegado a un punto en el que la preocupación por la salud infantil se ha convertido en un linchamiento público. El psicólogo Alberto Soler advierte que juzgar a otras familias por recurrir a móviles o tablets es inquietante y que debemos reflexionar sobre nuestras propias acciones. La crianza ya es suficientemente exigente sin la necesidad de añadir juicio social. Soler plantea que las guías sobre uso de pantallas existen, pero las decisiones concretas que toma cada familia responden a una realidad que no vemos. No sabemos si ese niño lleva horas con fiebre y la tablet es la única forma de que pueda terminar la comida fuera de casa. Tampoco sabemos si esa madre está criando sola y necesita diez minutos de respiro o si ese padre acaba de salir de una guardia de noche. La crianza no se puede evaluar en una instantánea, y tal vez el verdadero problema no sean solo las pantallas, sino la facilidad con la que juzgamos. El psicólogo relata un caso en el que un niño utilizaba un comunicador aumentativo con pictogramas, pero desde fuera solo se veía una pantalla. Esto nos hace reflexionar sobre la importancia de no juzgar a otras familias sin conocer su situación. La crianza es complicada, y no necesitamos que las redes sociales amplifiquen nuestra vigilancia constante. En lugar de juzgar, tal vez deberíamos preguntarnos si nos gustaría que hicieran lo mismo con nosotros en uno de nuestros días más difíciles. Con un llamado a la reflexión y a la empatía, Soler nos invita a replantearnos nuestra forma de juzgar a las demás familias. Publicado el 24 de febrero de 2026, este artículo de María Machado nos hace reflexionar sobre la importancia de la empatía y la comprensión en la crianza.
Cuando un niño insulta, generalmente no se trata de mala educación, sino de una emoción mal expresada. Prohibir los insultos no funciona; en su lugar, es crucial enseñar a los niños a entender y gestionar sus emociones. La educación emocional es clave para ayudarles a reconocer sus sentimientos, comprender el impacto de sus palabras en los demás y expresar sus emociones de manera respetuosa. Estrategias como identificar y hablar de emociones, leer cuentos que abordan temas emocionales, practicar juegos de rol y reforzar positivamente las expresiones respetuosas son herramientas efectivas. Un estudio publicado en 2025 en Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health encontró una fuerte asociación entre el lenguaje agresivo en el entorno familiar y comportamientos agresivos en adolescentes, subrayando la importancia de abordar el tema de manera constructiva.
La sopa de fideos con verduras es un clásico de la cocina casera que ha pasado de generación en generación. Es nutritiva, deliciosa y fácil de preparar con ingredientes sencillos y económicos. A los niños les encanta porque es suave y fácil de masticar, y se puede adaptar a sus gustos. La receta básica incluye zanahoria, puerro, cebolla, patata, fideos finos, aceite de oliva y sal. Se cocina pochando las verduras, luego se añaden los fideos y opcionalmente garbanzos cocidos. Es un plato completo que alimenta más de lo que parece y mejora al día siguiente.
Cuando un niño dice 'soy tonto', puede estar escondiendo falta de autoestima. La clave para ayudarle es escuchar sin juicio y validar sus emociones. No se trata de negar la frustración, sino de conectar con ella y ayudarle a separar el error de su identidad. Un niño que se siente frustrado y inseguro necesita que le ayudemos a entender que cometer errores es parte de aprender y que su valor no cambia por un fallo. Es importante centrarse en el esfuerzo, la estrategia y el proceso, en lugar de etiquetarle como 'listo' o 'inteligente'. Al hacerlo, podemos ayudar a construir una autoestima más sólida y menos frágil. La forma en que miramos a nuestros hijos también es crucial, ya que ellos se miran en nuestros ojos para entender quiénes son. Si encontramos paciencia, confianza y seguridad en nuestra mirada, poco a poco interiorizan esa imagen. No se trata de decirles que son perfectos, sino de enseñarles que equivocarse no les define. Con un enfoque de empatía y comprensión, podemos ayudar a nuestros hijos a superar la frustración y a desarrollar una visión más positiva de sí mismos. La próxima vez que tu hijo diga 'soy tonto', recuerda que no es solo una frase, es una llamada de ayuda. Escucha sin juicio, valida sus emociones y ayúdale a encontrar su propia fuerza. Un hijo que se siente valorado y apoyado es un hijo que puede enfrentar cualquier desafío con confianza. La autoestima de un niño es como un jardín, requiere cuidado y atención constante para crecer y florecer. Como padres, tenemos la oportunidad de nutrir ese jardín y ayudar a nuestros hijos a convertirse en personas seguras y confiadas. No subestimes el poder de tus palabras y de tu mirada, pueden ser la diferencia entre un niño que se siente 'tonto' y uno que se siente capaz y valioso.
Tras un día complicado, expresar amor incondicional a los hijos es crucial. La frase 'Estoy contigo, pase lo que pase' ofrece consuelo y seguridad. No se trata de resolver el problema de inmediato, sino de brindar apoyo emocional. Primero, conectar con el niño a través de la escucha y la presencia; luego, cuando la emoción haya disminuido, será el momento de ofrecer orientación. El momento de acostarse puede ser ideal para demostrar apoyo. Con el tiempo, los niños recordarán cómo se sentían en esos momentos, no las explicaciones dadas. La autenticidad en las palabras y acciones es esencial para que el niño perciba el apoyo.
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