Crees que no pintas nada en tu relación de pareja, pero tienes más poder del que crees - Quo

Poder oculto: ¡no subestimes tu mando!

social Una pareja en una sala moderna, con una balanza de equilibrio que muestra una ligera inclinación. La mesa está cubierta con papeles y un móvil que vibra, simbolizando la comunicación constante. Al fondo una ventana con luz tenue y sombras que sugieren tensiones. El estilo es contemporáneo, con colores contrastantes y líneas limpias, sin rostros ni nombres específicos.

A la hora de pedir un café sin que el otro se haga el tonto, la mayoría de la gente se siente como si estuviera en una obra de teatro sin guion. El guion más importante, sin embargo, no es el que se escribe en el guion técnico, sino el que se gestiona en la mesa de la relación.

Un estudio, publicado en *Personality and Social Psychology Bulletin*, desvela que el poder que percibimos en la pareja no es un mito de la buena fe, sino un error de cálculo con la que la mayoría de nosotros jugamos de forma consciente. Robert Körner, de la Universidad de Bamberg, y Nickola C.

Overall, de la Universidad de Auckland, se adentraron en la bóveda de 1 304 dyads (parejas) repartidas entre amistades en Alemania, parejas del mismo sexo en Alemania, parejas heterosexuales en Alemania y parejas heterosexuales en Nueva Zelanda. Cada integrante completó un cuestionario sobre su propia percepción de poder y otro sobre la influencia que realmente siente la otra mitad.

El resultado, bajo la lupa del modelo estadístico “truth and bias”, fue que la mayoría subestimó su poder, pero captaba con precisión su posición relativa al resto de la muestra. Los hombres heterosexuales en el ámbito romántico, por ejemplo, se sentían más impotentes que las mujeres, una curiosidad que sugiere que las expectativas de control masculino están tan arraigadas que cuando el otro parece no ceder, el cerebro se niega a reconocer cualquier margen de maniobra.

La “similitud asumida” también se mostró: la gente se convencía de que el poder se repartía al 50 %, aun cuando la balanza estaba claramente inclinada. Este sesgo se alimenta de motivaciones de autoprotección: ansiedad de apego, baja autoestima y celos; estos hacen que la pareja se mire como un pasillo de hielo, esperando el primer paso que derrumbe la relación.

Por el contrario, los motivos pro‑relación, como el compromiso, amortiguan la sobre‑subestimación. La conclusión de Körner es simple: “La gente subestima cuánto influye en su pareja, y esto está vinculado a agresión, mala calidad relacional y menor satisfacción sexual”.

El estudio, basado en autoinformes y en países occidentales individualistas, deja claro que el poder no es un don; es una percepción errónea que puede ser corregida con un poco de autoconciencia. En otras palabras, la última vez que te sentiste impotente, probablemente solo estabas mirando la balanza al revés.

Crítica:

El estudio no distingue entre tipos de decisiones (finanzas, sexo, tareas) y se basa en autoinformes. La conclusión de que el miedo a perder poder causa agresión parece simplista, pero revela un punto crítico sobre la percepción.

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