Florida vuelve a declarar la guerra a las pitones birmanas. No es broma, amigos. Mientras el precio de la gasolina te deja temblando, el estado se gasta una fortuna en un concurso para ver quién elimina más serpientes gigantes. Entre 100.000 y 300.000 de estos invasores acechan el Everglades, un ecosistema vital que se va al garete.
¿La solución? Un 'Python Challenge' anual desde 2020, con premios en metálico para el más letal. El año pasado, 934 participantes, curtidos en mil batallas o novatos con suerte, capturaron 294 pitones. Uno de ellos, un tipo con más maña que un tahúr, se llevó 10.000 dólares por despachar 60 serpientes en diez días.
Imaginen la cuenta del supermercado con esa recompensa.
Estas pitones, originarias del sudeste asiático, llegaron a Florida en los años 70 como mascotas exóticas. Muchos dueños, al ver que su 'mascotita' crecía hasta superar los cuatro metros, decidieron que era mejor darle libertad.
Mala idea. Sin depredadores naturales y con un clima a su medida, la población explotó. Ahora, el parque nacional Everglades intenta frenar la hemorragia con esta peculiar cacería, obligatoria para los participantes a realizar un curso de seguridad online. Nada de armas de fuego ni perros de caza, solo aire comprimido o técnicas de 'pithing' (una forma...
poco ortodoxa de despachar a la bestia).
El superintendente Pedro Ramos, con la seriedad de quien ha visto demasiadas serpientes, insiste en que esta iniciativa refuerza la concienciación y el apoyo a la conservación. ¿O será que es más fácil organizar un concurso que abordar las causas del problema? La pregunta queda en el aire, mientras los cazadores se preparan para la batalla.
Crítica:
El artículo se limita a describir el evento sin ahondar en las implicaciones ecológicas a largo plazo. Da la impresión de ser una solución superficial a un problema complejo, maquillado con premios en efectivo. ¿Dónde está el análisis profundo?
Comentarios